viernes, 3 de octubre de 2008

AGUJEROS NEGROS

En un libro reeditado recientemente por Minotauro, El fin de la infancia (1955), Arthur C. Clarke plantea, amparándose en el género de fantaciencia, la posibilidad de la creación de una sociedad cuyos máximos mandatarios fueran científicos. Jamás puesta en práctica esta opción, lo cierto es que me gustaría pensar que pudiera darse en un futuro, aunque tan sólo fuera a modo de prueba piloto. Este preámbulo viene a colación a raíz de dos noticias, en principio, en nada conectadas pero que me han hecho volver sobre aquel texto que había leido en mi etapa universitaria. Por una parte, la puesta de largo del mayor Acelerador de Partículas del mundo, sito en Suiza, con un recorrido circular de más de veinte kilometros. Casi a la par que se inauguraba este macrocomplejo científico auspiciado con fondos de la Comunidad Europea, los signos de debilidad de la economía mundial tenían su epicentro en Wall Street, al punto que la Administración Bush Jr empezaba a movilizarse para aprobar en el senado y en el congreso de los Estados Unidos un plan de choque con una cifra astronómica: 700.000 millones de €. «Socialismo para ricos» se han apresurado a decir algunos analistas económicos pero, a la postre, la aprobación de este plan rescate sin precedente evita, al menos al corto o medio plazo, la formación de un «agujero negro» por falta de liquidez de las entidades bancarias. Esta expresión tomada del mundo de la física cuántica ha servido para ilustrar mejor un horizonte catastrofista de la economía mundial si no se inyectaban ingentes cantidades de dinero en los parqués financieros. En el caso del Acelerador de Partículas ubicado en el subsuelo del país helvético los científicos pronto descartaron la formación de «agujeros negros» al reproducir in vitro las condiciones de la creación de materia que daría lugar, al cabo de millones de años, a formas de vida.
Sin ni tan siquiera pestañear el científico que ejerció de portavoz del centro de investigación suizo descartó la opción de la creación de «agujeros negros» incluso cuando el acelerador de partículas trabaje a pleno rendimiento. Y eso que hablamos de un experimento tan sólo teorizado sobre el origen de la materia... hace trillones de años... Con el rigor del que hacen gala los científicos, aquella comunidad que siempre queda excluída del papel couché, de las fiestas a las que acuden en tropel los neocoms —la versión puesta al día de los yuppies en los 80—, me fiaría mucho más de ellos en el manejo de una economía mundial donde los especuladores se cuentan por centenas de millares. Se dirá, en su contra, «zapatero a tus zapatos». Pero a esto cabría responder con otro dicho: «a grandes males grandes remedios»... no necesariamente en papel moneda. Sería harto improbable, pues, que algunos de estos científicos con una acreditada trayectoria en el campo de la gestión en sus respectivos centros de trabajo (léase facultades, empresas, organismos públicos, etc.), aprobaran una operación bursátil con la simple finalidad de la pura especulación, la palabra clave para entender el origen de la formación de materia «tóxica» en forma de hipotecas subprime que, lejos de generar vida, han colocado a millares de familias al borde de la quiebra moral, mental, económica y, para algunos, espiritual. Casi nada.

1 comentario:

pep dijo...

tu crees que los cientificos no se venderian al dinero o es que los cientificos no son humanos
hoy los cientificos ya estan vendidos en su mayoria y los que no es por que les ofrecen poco pagado poco