martes, 20 de enero de 2009

LAS HUELLAS DEL TIEMPO


A los ojos de muchas personas, aquellos que vamos modelando una obra propia, ya sea en forma de libros, en soporte audiovisual o demás, parece como si se tratara de un acto de vanidad o de afirmación al culto de la propia personalidad. Para un servidor el hecho de que se publique un nuevo libro, Joseph L. Mankiewicz: un renacentista en Hollywood (2009, T&B Editores) o que lo haga, a corto o medio plazo, la novela El enigma Haldane carece de mayor interés por cuanto la vanidad está a años luz de ocupar un puesto relevante en mi escala personal. Eso es quizá lo que trasciende, a lo que uno acaba siendo asociado más allá incluso del comportamiento, de la actitud que tengas ante la vida.
No hace demasiados días supe de una persona a la que le había perdido la pista hace varios años. Conservé su teléfono durante todo este tiempo pero nunca me decidí a llamarla quizá con la presunción que sería un acto de intromisión a una realidad que debía resultarme ajena. Ese, presumí, debía formar parte de un tiempo pasado que tan sólo podría rememorar en la memoria con la satisfacción de que las experiencias, sean de uno u otro signo, te hacen crecer, madurar, valorar, sentir. Pero de todas las experiencias vividas, la lección más importante la aprendes si sabes colocarte en la posición del otro, algo que el ser humano, egoísta por definición, generalmente descuida. Y es por ello que al recibir ese afectuoso saludo, ese reencuentro aunque sea a través de la red, puede convocar a un cierto recelo, al albur de un pensamiento que suele dominar en estas situaciones: «mi vida ya está trazada y la conformo con los que uno considera». Nada más lejos de mi razonamiento. Estos reencuentros marcan con mayor claridad si cabe el proceso de madurez, de aprendizaje, de saber que la «vida de los otros», al fin y al cabo, como sociedad interconectada y movidos por similares necesidades, nos afecta en la medida que somos seres humanos que sentimos el afecto por el prójimo y nos alegramos de sus éxitos. Consolarse con las desgracias de los demás deviene un acto que repudio; siempre he deseado lo mejor para todo el mundo que se lo merezca. Y ella se merece la mayor de los suertes porque de su bondad y su amistad reencontrada me ayudará a ser cada día mejor persona. Ese sigue siendo mi propósito a cada día vencido, sin parar atención, ni siquiera un segundo, sobre un ejercicio de autocomplacencia por ver publicada una determinada obra. Qué alguien, al cabo del tiempo, mucho tiempo, se acuerde de uno es la mayor de las recompensas, de los «premios» que pueda recibir. En el post nº 100 de El mundo de Haldane que tenía previsto dedicar al libro de Mankiewicz de inminente aparición en el mercado, dejo que sea el corazón quien tome el mando para dedicárselo a una persona a la que deseo una felicidad plena. Vaya por ella este extracto de un poema de William Woodsworth que Elia Kazan «rescató» para su magnífica Esplendor en la hierba (1960):

«Aunque ya nada pueda devolvernos la gloria en la flor,
el esplendor en la hierba,
No lloraremos sino que lucharemos por todo aquello
Que nos fue arrebatado
»

Para N.

4 comentarios:

The Fisher King dijo...

Christian, si no existieses, no me quedaría otra que inventarte. Espero poder seguir aprendiendo de ti.

(Amamos para saber que no estamos solos).

Un fuerte abrazo.

Christian dijo...

Feliz regreso a BCN, Fisher.

(eso lo dijo otro "Jack", de apellido Lewis)
Best Wishes

jesús cortés dijo...

Gracias por tu comentario en mi página Christian.
Espero que el libro sobre Mankiewicz sea certero. Ya merecen una valoración a su altura "Guys and dolls", "Julius Caesar" o "The quite american". Me parece que con el tiempo tanto "Suddenly last summer" como "Sleuth" han quedado por debajo del prestigio que alguna vez tuvieron.
Por cierto, me gustaría saber por qué dices que no soy ortodoxo. Me lo tomo como un cumplido, que conste.
A mí tamién me gustan Genesis y Marillion (¿te dijeron alguna vez que te pareces a Fish- pero con pelo-?).

Christian dijo...

Hola Jesús:

No soy un amante del musical y tampoco lo era Mankiewicz. "Julio César" es un portento de película y "The Quiet American" es mejor de lo que se suele decir pero, en cierta manera, fallida. según mi opinión, claro.Coincido totalmente con "Suddenly Last Summer" pero no tanto con "Sleuth" porque, si bien pierde cierto encanto una segunda visión por todo el ardid que planta el guión de Shaffer, es infinitamente superior a la versión de Branagh-Pinter. Si no lo tienes, píde de regalo a algún familiar o amigo piadoso el pedazo libro sobre Génesis que sacó Glboal Rhythm en castellano. Simplemente, es de los mejores libros de música de rock-pop que existen en el mercado. Lo de Fish nadie me lo ha dicho. Quizás cuando era más joven él y estaba en forma(jajaja).
Lo de poco ortodoxo, obviamente es un cumplido.
saludos y espero que te guste el libro de Mankiewicz. Por cierto, creo que es bastante poco ortodoxo.

un saludo!!

Christian