jueves, 17 de septiembre de 2009

BASURA INFORMATIVA: EL «ADN» DEL PERIODISMO GRATUITO


Buena parte del descenso en las ventas de los periódicos de tirada nacional en papel se debe a la irrupción de alternativas de información que ofrece internet, incluidas las ediciones digitales de los mismos. Pero tampoco cabe descuidar el impacto de esos diarios de difusión gratuita que nacieron en los países escandinavos, expandiéndose como una mancha de aceite por los países del denominado Primer Mundo. La idea es muy sencilla: ofrecer información sin previo pago a todos aquellos que recurran a los transportes públicos de las grandes ciudades. Sin embargo, no contentos con inundar de periódicos estos puntos calientes del transporte público, ejemplares de los mismos empiezan a verse con mayor frecuencia en panaderías, locales de ocio, bares, gimnasios, etc. A mayor número de diarios en circulación, las expectativas por los ingresos de publicidad crecen. No obstante, esa ecuación se rompe por imperativos de la crisis y, si bien las empresas se mantienen a flote con unos ingresos x con tal de capear el temporal, lejos de hacer del rigor de la información un argumento para posicionarse como una opción más entre el amplio abanico de ofertas en el campo de la edición de periódicos (de pago o no), el sacrificio tiene nombre y apellidos para solaz desvergüenza de sus máximos responsables.
Casi como un acto reflejo, cometí la insensatez de coger un ejemplar del adn mientras aguardaba la llegada de una persona. Entre un mar de anuncios de publicidad, la información vaga a la deriva simplemente con ojear la falsedad que se esconde en determinados titulares. Uno de ellos, «Sitges estrena la nueva Naranja mecánica» en la pág. 21 de la edición barcelonesa no puede por menos que llevar a equívoco. Quizás el redactor de la noticia hubiera debido tener la prudencia de entrecomillar el término «nueva», pero para ello debería haber sido alguien que supiera el significado real de qué narices consiste o acarrea el vocablo informar. Antes de ponerse a redactar una noticia si se desconocen algunos datos hay un montón de herramientas para dar con los mismos y no empezar a escribir de oídas o sencillamente a inventarse la información. Veamos. El redactor de marras habla de La naranja mecánica como «la película más controvertida y más famosa de Stanley Kubrick». Una sentencia del todo gratuita porque si hay una película que se asocia con el director neoyorquino es 2001: una odisea del espacio (1968) y fue precisamente en razón de ésta que la popularidad de Kubrick creció exponencialmente. La fama del director de origen judío, por tanto, ya venía de haber estrenado 2001, antes de acometer el rodaje de La naranja mecánica. Pero estos aspectos pueden ser pecata minuta frente a la lectura de un tercer párrafo en el que el redactor (sic) escribe que «el próximo 23 de octubre, coincidiendo con el décimo aniversario de la muerte, se reestrenará la película en algunas salas seleccionadas, tanto en 35 milímetros como en la nueva versión digital». Stanley Kubrick falleció el 7 de marzo de 1999 debido a causas naturales; con dos segundos yendo a un buscador de internet puedes encontrar este dato. Una vez más la tecla de lo aleatorio se apodera del artífice de este auténtico atentado al buen periodismo al no contrastar una sola fuente. Pero la cosa no acaba ahí al referirse a Jan Harlan, «colaborador y coproductor de las películas de Kubrick», quien parece haber sido asignado por la organización del Festival de Cine de Sitges para hacer entrega de un premio Honorífico a Malcolm McDowell, el protagonista de La naranja mecánica. Tampoco hay que ser un lince para enterarse que Harlan fue el cuñado de Stanley Kubrick y que su condición de productor ejecutivo se inicia con 2001: una odisea del espacio. Pero claro está, la búsqueda de quien es Jan Harlan hubiera llevado otros dos segundos al redactor. Pero la burrada supina se reserva para el final cuando la persona encargada de dar forma a una noticia de agencia no se corta al hacer una valoración nuevamente desde la arbitrariedad: «La nueva Naranja mecánica mejora la primera versión para DVD que se hizo en 2001 y donde la presencia de grano afectaba la calidad». Entre los aspectos que destaca la versión en DVD de 2001 de La naranja mecánica es por su excelente calidad de imagen; lo del “grano” no lo veo por ninguna parte. Otra cosa hubiera sido explicar que el proceso de remasterización mejora si cabe aún más la calidad de imagen. Pero ni siquiera en la despedida, la perplejidad nos abandona al leer que «el sonido también se ha refinado, de manera que se aprecia mejor la banda sonora de William Carlos. La transformación electrónica que el compositor hizo vía Moog de varias piezas clásicas contribuye al ambiente claustrofóbico del filme». Para aquellos que no hayan visto el film, al hilo de estos razonamientos (sic), podrán pensar que se encuentran ante una cinta de terror. Si la versión vía sintetizador de La novena sinfonía de Ludvig Van Beethoven potencia la vertiente claustrofóbica del film se acepta pulpo como animal de compañía. Y ya puestos, al son de esa versión acelerada de La obertura de Guillermo Tell mientras Alex DeLarge (Malcolm McDowell) se encomienda a los placeres sexuales con un par de Lolitas, parece haber sido concebida por Kubrick con una intención que se sitúa a las antípodas de querer repercutir claustrofobia a la escena. Creo que también estaría de acuerdo en esta apreciación Walter Carlos, antes de obedecer al nombre de Wendy Carlos —tras su cambio de sexo— y no al de William, como lo bautiza muy alegremente el (ir)responsable de cubrir una noticia con el decoro profesional mínimo que ello exige. Un minuto a lo sumo dedicado/a a googlear hubiera bastado para dar salida a un digno ejercicio periodístico en lugar de esa basura de información que ocupa una de las páginas impares del diario adn en su edición del jueves 17 de septiembre de 2009. Ahora entiendo como esos periódicos gratuitos acaban a las pocas horas de vida (contabilizadas desde su salida de las imprentas) en las papeleras de las estaciones de metro o de autobús: en función de la pésima información que ofrecen ese es su lugar natural. El periodismo concebido bajo el único paraguas de la publicidad tiene estos riesgos; de ahí que es una alternativa más saludable hacerse con un crucigramas o un sudoku que creerse la sarta de mentiras o verdades a medias que acompañan esos seudoperiódicos que parecen ampararse en el letargo que vive buena parte de la población de a pie para seguir convenciendo a las empresas de publicidad de la bondad de su negocio. Seudoperiodismo de proximidad, pero alejado del rigor de la información.

2 comentarios:

Antonia's Land dijo...

Leí hace algunos meses que en Londres (¿dónde sino?) unos voluntarios, durante un día, se dedicaron a recoger los periódicos gratuitos "tirados" en la ciudad. La cantidad de papel acumulada, (mi memoria es muy mala y no lo recuerdo con exactitud,) era espeluznante. ¿Deben de pagar algún impuesto especial por tal despropósito? ¿Qué tiene más delito: el despilfarro "paperil" o el "periodismo chapucero"? ¿O tal vez no se concibe una cosa con la otra? También me viene a la cabeza algún que otro periódico "de pago" que igualmente practica el "periodismo chapucero". Tanto estudio para acabar abandonado en un banco de la estación de trenes. Triste, muy triste que la prensa quiera imitar a la degradada televisión (aquí no hay salvación ni con la TDT).

Ramonet dijo...

Hola Christian. Otra coincidencia más. Ya hablamos del tema del periodismo cuando leímos abochornados, las crónicas que se publicaron tras la actuación de Neil Young en el Primavera sound.
Soy un gran "escuchador" de radio y lector de periódicos impresos o digitales. La "cosa" está muy mal, el nivel informativo es bajísimo, tanto en prensa, como sobre todo en TV. La radio parece que estar un poco mejor. Mi hermana es subdirectora de un gabinete de prensa y lo que me cuenta de los interiores del mundo de la información, es para llorar.
Pero hay algo muy cierto y es que va en absoluta consonancia con el nivel cultural de la ciudadanía, que cae en picado y se envilece más año tras año.