jueves, 11 de junio de 2009

ECOLOGISTAS EN ACCIÓN: LA IZQUIERDA «DALTÓNICA»

En el hipotético comité que se vio en el brete de decidir qué colores debían configurar los semáforos, destinados a ceder o no el paso de los vehículos rodantes, con toda probabilidad no se contaba con ningún daltónico entre sus miembros. Maldita la gracia que debió hacerles a todos aquellos que, merced al físico John Dalton (1766-1844) se les identificaría su enfermedad con el apellido de éste per se. Entre la inmensa mayoría de los daltónicos lo normal es confundir el verde con el rojo, y los menos, con colores que se mueven en el espectro del violeta. Se trata de una de las enfermedades autosómicas por excelencia, es decir, de componente hereditaria ligada al sexo. Las mujeres pueden resultar portadoras del gen ligado al daltonismo pero únicamente sufren esta disfunción en la visión si se localizan los alelos recesivos en cada uno de sus dos cromosomas X. En cambio, en los hombres la frecuencia es mayor porque tan sólo es necesario que ese alelo recesivo se localice en el cromosoma X.
Desconozco si Daniel Cohn-Bendit padece daltonismo pero extropolándolo al ámbito político la bandera que enarboló al albur del mayo del 68 ha virado del rojo —incluso se le conocía con este sobrenombre, por otra parte, no demasiado original— al verde por la gracia divina de un ecologismo que ha arraigado con fuerza en el país vecino. Las recientes elecciones europeas han arrojado suculentos réditos a la causa ecologista, que se disputa codo con codo el segundo puesto con el Partido Socialista en el que no hay día sin noche que algún asunto oscuro les salpique para sonrojo de aquellos que construyeron los cimientos de una Europa moderna desplegando un tapiz de progresismo que se ha visto contrarestado en los últimos tiempos por el avance inexorable de los partidos (ultra)conservadores. Con la caída del Muro de Berlín, la disidencia de los postulados comunistas era moneda de cambio común y, por consiguiente, ideólogos pertrechados en la izquierda más dogmática vieron las orejas al lobo y se amarraron al bote salvavidas del ecologismo antes de que la corriente les llevaran río abajo y acabaran desembocando en «casas del pueblo» proclamando a los cuatro vientos la bonda de un discurso anacrónico. En ese frente ha militado en los últimos decenios Daniel Cohn-Bendit, quien ha sabido aglutinar voces de la izquierda alineadas en la misma causa, en lugar de realizar cada uno la guerra por su cuenta como ocurre en nuestro bendito país, en la que no hace demasiado tiempo había todas las gamas de verde posible en forma de minúsculos (pseudo)partidos. Incluso, una persona tan válida como José María de Mendiluce se quedó por el camino en el abanderamiento de un ecologismo que, en contra de lo que sucede en España, gana adeptos a pasos gigantescos en Francia de la mano de Cohn-Bendit, el «verde».
Es cierto que la autoridad moral de la que hace gala un combatiente en toda regla como Cohn-Bendit a los ojos de una juventud desencantada no se fabrica de un día para otro. Pero interpreto que en un futuro no demasiado lejano puede darse la figura de un líder que, en verdad, sea una alternativa de voto para aquellos que practicamos la disidencia del voto o el voto en blanco en las últimas elecciones en vista de la zafiedad que demuestran los partidos con mayor representación parlamentaria —enzarzados, por lo general, en estériles debates— y los que entran en el juego democrático para llevarse a la boca las migajas que dejan éstos. A la espera que se produzca este hipotético escenario, nos quedamos con la estampa de Joan Herrera, de Izquierda Unida, poniendo cara de circunstancias ante las vacilantes explicaciones de José Luís Rodríguez Zapatero cuando se traga el sapo, en sede parlamentaria, de que la central nuclear de (Santa María de) Garoña, en Burgos, parece tener los días contados para dejar de ser operativa, tal como venía recogido en el vigente programa electoral del PSOE. Si, los días contados... pero 3.652 (año bisiesto arriba)... los que concede una moratoria a los que se acogerán como un clavo ardiendo los trabajadores de la «decana» de las centrales nucleares españolas para salvar sus puestos de trabajo. Zapatero, cuyo regate en corto no lo supera ni el Romario de los buenos tiempos (blaugrana, of course), no enmendaría la plana a su antecesor socialista en el cargo, Felipe González, y hará de la debilidad de los ecosocialistas un nuevo argumento para salir indemne de su perenne falta de compromiso sobre lo pactado y escrito en su momento. Con una versión hispana de Cohn-Bendit otro gallo le cantaría al Presidente del Gobierno español, aunque el desmantelamiento de las centrales nucleares no pasaría como prioridad en su agenda visto que el modelo francés con los reactores de fisión a toda máquina funciona. Pero no sólo del debate de las centrales nucleares vive el ecologismo; hay demasiadas cuestiones que deben abordarse con cierta urgencia si queremos seguir siendo los principales beneficiarios de la biodiversidad que emana del planeta tierra. O al menos, esa es la perspectiva de un modesto militante que pretende serlo del «partido del sentido común», alejado de diatribas políticas que en nada afectan al devenir de nuestra sociedad, al menos, en lo sustancial y en lo que compromete al día a día.

1 comentario:

pep dijo...

quieras o no el SENTIDO COMUN PASA POR LA ENERGIA NUCLEAR