
Cuando en este mismo blog anunciaba en mayo el inicio de la escritura de un libro sobre Neil Young quizás no había medido el alcance de su obra. Pero al cabo de cuatro meses, creo que, aún siendo brutal la misma, ha merecido la pena. Digamos que, a veces podemos tener una visión de conjunto sobre la labor llevada a cabo por un artista y, al cabo de revisar su obra detenidamente, escudriñando en cada detalle, la historia puede cambiar para bien... o para mal. Con toda la honestidad posible, esa incertidumbre ha quedado plenamente despejada porque más que nunca considero a Neil Young uno de los mayores talentos de la historia del rock, una etiqueta que podemos dar por válida para englobar la música popular realizada a partir de mediados los años cincuenta hasta la fecha. El planteamiento inicial del libro se ha cumplido en el orden siguiente: introducción, parte biográfica, análisis de la discografía de Buffalo Springfield (aquí me he extendido más de lo imaginado porque, a pesar de haber alumbrado tan sólo tres discos, existe toda una historia detrás de cada uno de estos LP’s); análisis de los discos en comunión con Crosby, Stills y Nash; el core de la obra, el análisis de su discografía en solitario (o con Crazy Horse, Booker T. Jones o Stray Gators, entre otros) con una media de cuatro páginas por disco; comentarios de los films documentales o de ficción, el top 100 de las mejores canciones (traducidas al castellano), y apéndices (discografía, filmografía, bibliografía, NY en internet, etc.) Entre las cosas que me han sorprendido o, al menos, me han llamado poderosamente la atención es que, pese a todas las desgracias que le han envuelto, el tema de la muerte es prácticamente inexistente como concepto de sus composiciones. Sin duda, Neil Young ha sabido metabolizar el dolor y la fatalidad al servicio de unas letras que en la mayoría de ocasiones ofrecen una puerta a la esperanza. Esa vitalidad se la debe, en gran medida, al apoyo incondicional de Pegi Young, una de las mayores inspiraciones para el canadiense. Por sí sola la existencia de Neil Young da para un libro o varios; Jimmy McDonough ya se encargó de ello en Shakey; el de un servidor, sin dejar de perder de vista elementos biográficos que se interrelacionan con su obra musical, ha intentado ofrecer una panorámica crítica de su suculenta carrera profesional. De su aportación en Buffalo Springfield hasta Fork in the Road (2009), es decir, una cuarentena de discos. Con esta cifra, Neil Young se sitúa, junto a Frank Zappa, entre los artistas más prolíficos de la historia del rock. Zappa ya nos dejó hace varios lustros; Young, en cambio, sigue al pie del cañón, con una energia apabullante, pero es evidente que gran parte de su recorrido musical y vital ya está trazado. Por último, después de dar vueltas sobre ello, -quizás me haya decidido por el subtítulo -previo acuerdo con T&B Editores— Una leyenda desconocida porque el propósito es que de una vez por todas intentemos revertir esa apelación al desconocimiento que encierra Neil Young en nuestro país. No hay que desfallecer como ha hecho todo su vida el ex Buffalo Springfield; esperemos que, si alguna vez se reeditara el libro consensuáramos con la editorial cambiar el subtítulo del mismo y poner Una leyenda conocida. En esas tertulias en torno a una mesa poblada de copas, al referirse a leyendas de la música me gustaría, como a tantos rusties, que cuando alguien de los contertulios se refiriera a Neil Young el resto no frunciera el entrecejo y dijera: "Neil, ¿qué?" Mejor una contestación del tipo: "prefiero el Neil Young de Harvest o el de Rust Never Sleeps o el que toca con Crazy Horse o...." Si es así, por mi parte, el esfuerzo habrá valido la pena. Un empeño que esos seguidores de la música de Neil Young diseminados por el estado español asimismo han llevado a cabo y a los que, en cierta manera, quiero compartir la dicha de la aparición del libro con ellos. Porque, en cierta medida, es un libro que escrito por todos los que admiran al genio de Neil Young y siguen contribuyendo a la difusión de su obra, con una dedicatoria especial para los amigos de la playa. En octubre, pues, habrá libro de Neil Young en el mercado. Por mi parte, aún sabiendo que me corresponde una labor de promoción del mismo (algo que haré con mucho agrado), toca mirar hacia el futuro en busca de nuevos proyectos. Eso sí, con la enmienda a empezar de cero para evitar caer en la "hoguera de las vanidades".