domingo, 2 de octubre de 2011

EL «MISTERIO PICASSO»: LA TEORÍA DE ALCAINE

El gran director de fotografía
José Luis Alcaine
El día 4 de octubre la Academia del Cine Español otorga la Medalla de Oro a uno de sus más insignes miembros, el director de fotografía José Luis Alcaine. El lugar donde se celebra semejante acto guarda una significación especial para este veterano operador oriundo de Tánger. En una de las galerías del Museo Reina Sofía, sito en la capital española, descansa el Guernica (1937) de Pablo Ruiz Picasso, al cuál los ojos escrutadores de Alcaine habrá visitado en el último lustro millares de veces con la intención de dar forma a una teoría que le ha quitado literalmente el sueño. Lo que, en un principio, resultaba una mera conjetura luego se iría transformando en una obsesión que sitúa, según la teoría de Alcaine, como principal fuente de inspiración de Picasso para dar cuerpo al Guernica la producción estadounidense Adiós a las armas (1932), dirigida por Frank Borzage e interpretada por Gary Cooper.
Hace semanas que conservo el recorte de periódico de El País (9/IX/2011), en que aparece, a doble página, en la sección de cultura, el artículo titulado El enigma cinematográfico tras el Guernica de Picasso, escrito por Elsa Fernández Santos. El texto de la hija del que había sido crítico titular del rotativo madrileño durante muchos años, Ángel Fernández Santos, viene acompañado del cuadro de Picasso en que aparece subrayados en rojo las partes del mismo en atención a los fotogramas extraídos (situados en los márgenes inferior y superior) del film objeto de paralelismos visuales. Una forma elegante y diáfana para que el lector, a renglón seguido de que tome cumplida cuenta del contenido del texto o a la inversa se fije en esa comparativa que no pasa en absoluto desapercibida. Para tratar de apuntalar su teoría quedan ciertos cabos sueltos que Alcaine apela a la lógica ya que para un bohemio como Picasso en el París de los años treinta, largo me lo fiáis, como diría un escolástico, saber qué actividad extrapictórica llevaba en danza. Claro está, la certeza de que el artista malagueño viera diversas veces Adiós a las armas pese a tratarse de un genio, la capacidad de retentiva de planos determinados del film no alcanzaría para que en un solo pase lo captara todo— nunca se podrá constatar documentalmente. Pero todo apunta a que así fue, máxime porque Picasso, según indica el propio Alcaine, conoció a Ernest Hemingway el autor de la novela homónima inspiradora de dos versiones cinematográficas hollywoodienses— a través de Gertrude Stein, y debió cumplir con el trámite de ver lo que el cine había hecho con la criatura literaria del escritor estadounidense.
  Antes de publicar este post quise revisar Adiós a las armas (1932) conforme a dar crédito a un dato del que Alcaine revela a Elsa Fernández-Santos que no me parece menor. Generalmente, la narrativa del cine Occidental tiende a ordenarse los movimientos de cámara de izquierda a derecha porque la escritura se hace en este sentido. Por ello, Alcaine repara en la forma cómo Borzage acomodó gran parte de la realización, guiándose de movimientos de derecha a izquierda… la misma perspectiva que adopta el cuadro de Guernica. Bastarían por sí solas para refrendar la teoría esgrimida por Alcaine esas ocho capturas de imagen del film que se reproducen ligeramente viradas en sepia en las páginas de El país y que buscan tender puentes con ese cuadro emblemático, en especial para aquellas generaciones conocedoras de la realidad de un país escindido en dos bandos debido a la Guerra Civil Española. En mi caso, la estocada definitiva para dar carta de naturaleza a tan osada teoría en especial, cara a sectores de la cultura refractarios a claudicar frente a la capacidad de penetración de un arte mantenido como puro entretenimiento— estriba en esas simetrías de movimiento de derecha a izquierda entre la cinta de Borzage y un cuadro con formato panorámico y en blanco y negro… Entre las muchas distinciones que merece Alcaine cabe anotar, pues, el haber sido el primero en conformar una teoría aplicada a la influencia cinematográfica sobre el Guernica que se aventuraría a ir moldeando merced a que sus ojos han sido educados para mirar más allá de lo que podemos hacerlo cada uno de nosotros. La mirada del artista se posaría en esa pieza pictórica cargada de simbolismos que razonan sobre una época y un espacio que Alcaine ha abordado en el plató desde ópticas diversas (Mambrú se fue a la guerra, Belle Époque, Las trece rosasetc.) y que tiene previsto prorrogar si su amigo Pedro Almodóvar se decide por abordar el tema de la memoria histórica referida a la Guerra Civil Española y abandona, ni que fuera por un par de temporadas, un cine que se abastece de las mismas fuentes temáticas casi desde sus inicios. 

sábado, 24 de septiembre de 2011

EN EL «GRAN MÁS ALLÁ» DE LA DESPEDIDA DE R. E. M.

En las páginas de ese brillante ensayo llamado Mientras escribo (2001, Plaza & Janés), con un Stephen King expresándose a corazón abierto al poco de haberse enfrentado cara a cara con la muerte fruto de un accidente que dejó una de sus piernas hecha añicos, recalcaba su oposición a firmar un contrato editorial a modo de anticipo de una novela que aún estaba por plasmarse en el papel. De igual manera que la inspiración puede llegar en cualquier momento, el bloqueo creativo puede sobrevenirle a uno, entre otras cosas, bajo la presión ejercida por un contrato de cifras mareantes que se adivina un arma de doble filo. Aún tierna la noticia de la separación de R. E. M., uno de los motivos que cabe tomar en cuenta para semejante decisión arranca desde la fecha que la banda de Athens parecía vanagloriarse de haber suscrito el contrato de su(s) vida(s) con Warner. Al parecer, los directivos del sello discográfico tuvieron tan mal ojo de halcón como las agencias destinadas a regular el mercado bursátil y financiero en los Estados Unidos hace unos cuantos años. El montante astronómico que se llevaría R. E. M. por cinco discos aún por fabricar daba la medida de una industria que nadaba en la abundancia sin haber hecho una mínima simulación, en el peor de los escenarios una práctica habitual en economía de las consecuencias del avance de las nuevas tecnologías capaces, cuál maremoto, de borrar de un plumazo un core business que, a todas luces, tenía los meses contados. Confiar que una banda arraigada en la tradición de la escena indie por espacio de una década cambiaría de tal modo el chip que la comodidad de tener resuelta la existencia n veces sería la ecuación perfecta para dar lo mejor de sí era demasiado confiar. Como tantos otros, disco tras disco confié que R. E. M. brillara a similar altura que sus piezas maestras en ese punto de giro a distintos niveles que representaría la publicación de Out of Time (1991) y Automatic for the People (1992). Pero esa dicha no llegaría, aunque los ramalazos de grandes piezas quedarían encofrados en CD’s que, como el buen vino de crianza, han madurado bien: Reveal (2001) y Around the Sun (2004). El sentido autocrítico de Michael Stipe, Mike Mills y, en especial, Peter Buck, hace tiempo les llevaría a mover ficha, primero con un amago de tomarse algún que otro año sabático y luego reconsiderando la decisión en frío con un cambio de productor Garret «Jacknife» Lee en lugar de Pat McCarthy que, a mi modo de ver (algo que puse de manifiesto en un anterior post a propósito de la edición de Collapse into Now: ir a enlace), sumiría aún más en el pozo creativo a la banda.
   Si tengo que ser sincero, la ruptura de uno de mis grupos favoritos no me ha pillado por sorpresa. R. E. M. hubiera podido mantener el piloto automático para la gente que quisiera seguir escuchándolos y pasar por caja, cada vez más con las ventas en fase menguante. Cabía confiar, pues, en la militancia de aquellos que crecieron a ritmo de Losing my Religion o Man On the Moon para que la franquicia siguiera en pie mientras los millonarios Stipe, Mills y Buck iban tirando de los réditos de un contrato que había sido la envidia de la plana mayor de las formaciones rockeras del orbe mundial. Pero la honestidad les ha podido. El sentido de la amistad les mantuvo a flote en un naufragio creativo que cruzó de punta a punta la década pasada con algún que otro destello discográfico. Puede que el contacto entre ellos se vaya perdiendo al trazar vidas diferentes, en sitios distintos y la idea de una refundación de la banda se vaya perdiendo en un horizonte muy remoto. Sin embargo, allá donde estén, cuando el sueño les pueda vencer y entren en la fase R. E. M. (Rapid Eye Movement) se recrearán en el recuerdo de aquel periodo en Athens donde cuatro chicos confiaron en sus posibilidades e hicieron posible el milagro de no aparcar ese carácter auténtico cuando el éxito internacional les sobrevino. La presión por haber firmado un contrato que les comprometía, en el apartado creativo, a medio o largo plazo quizás haya sido la tumba artística de R. E. M. Pero, como seguidor de R. E. M. desde los tiempos de Automatic for the People —para un servidor, uno de los mejores discos de rock de la década de los noventa— el comportamiento de la banda estadounidense ha sido prácticamente inmaculada. Demasiada honestidad para pensar lo contrario para un grupo al que seguiré visitando a través de los auriculares año tras año para que un supuesto retorno no me pille con la guardia baja. Si lo hacen será con el «trío de oro» lealtad obliga como las tres letras cuyas iniciales se refieren a la fase de sueño profundo. Profunda también ha sido la huella que han dejado para los aficionados a la música de rock en aquel periodo en que semejante arte guardaba un significado especial. Gracias Michael, Mike, Pete y también Bill (Berry), que formaste parte de ello. Y seguiremos esperando que the great beyond nos proporcione el marco de un reencuentro, aunque tan sólo fuera por una noble causa. Bien que lo sabe el combativo abogado de las causas perdidas (o no tan perdidas) justas, en todo caso—, Michael Stipe, genio y figura incluso en la despedida, tan sentida como meditada, tan honesta como tristemente imaginada.  


Invitación a escuchar una miscelánea de temas en Youtube en homenaje a R. E. M., iniciado con uno de mis temas favoritos The Great Beyond

domingo, 18 de septiembre de 2011

SOCIEDADES «ALEXITÍMICAS»

Provisto de su habitual socarronería, el escritor gerundense Josep Pla, ya abrazando la vejez, dijo que no creía demasiado en los médicos, pero sí en cambio mostraba su admiración por los veterinarios. Según su razonamiento, éstos últimos curan sin preguntar o, al menos, sin obtener respuesta. Al hacer esta comparativa, poco debió imaginarse Pla que décadas más tarde la labor de los médicos cada vez más se iría consignando a esa tarea «callada» de los veterinarios al albur de una institución sanitaria que para poner coto a la quiebra de una de las patas que sostienen el Sistema del Bienestar se promueven métodos de diagnóstico on line sin que paciente y especialista mantengan ningún tipo de relación de proximidad física. Así pues, se podrá y de hecho se puede detectar una cardiopatía a través de un apartado móvil con el software preceptivo que traspase la información a un centro especializado donde se realizará un diagnóstico de urgencia de la anomalía que padece el enfermo, pero sin reparar en el estado emocional de éste.
   Este es un ejemplo de tantos del modelo de sociedad independientemente del color político del partido instalado en el poder— al que inexorablemente vamos a morir. Si hacemos la extrapolación de entender que la sociedad equivale al cerebro de un humano que contiene una red infinita de conexiones neuronales regidas a través de los centros sinápticos, cada uno de nosotros parece corresponderle más enlaces que nos conectan, por lo general… a un mundo virtual. Un mundo que acaba suplantando al real, y que descuida el valor de lo emocional. En ese territorio yermo de emociones cada aplicación tecnológica de nuevo cuño, léase Facebook, Twitter, Linkedin, va minando nuestra capacidad para entender y sobre todo movernos en el espacio de las relaciones humanas en que no tan sólo el intelecto o el atractivo sexual deben jugar sus bazas. Caminamos, pues, hacia lo que denomino «las sociedades alexitímicas», en aplicación de un término no demasiado bien conocido entre la población en general sobre la incapacidad de un buen porcentaje de la misma de expresar sus sentimientos. Se trata de una carencia de la expresión de los sentimientos ligada al autismo pero no necesariamente se da en personas que presentan ese cuadro de aislamiento detectado en las primeras fases de la infancia. Algunas fuentes clínicas indican que la alexitimia (enlace a la definición en Wikipedia) afecta a una de cada siete personas de nuestra sociedad. Puede que ese porcentaje resulte demasiado elevado.  No obstante, ese mundo virtual que algunos han dado validez como substituto parcial del real va en la dirección de potenciar los casos de individuos que padecen esta deficiencia desde el plano emocional, o al menos, acentuar una alexitimia que, a menudo, podría confundirse con un temperamento tranquilo, parsimonioso, reglado desde el intelecto.
   Entiendo la vida desde el equilibrio entre lo emocional y lo intelectual, el conocimiento y el sentimiento. El talento es la suma de inteligencia y sensibilidad, cuanto menos desde mi apreciación. En el curso de los años he detectado demasiados signos de personas que han acabado siendo presas de esa «trampa virtual» que les ha producido una merma en su capacidad de leer sobre los valores emocionales que competen por naturaleza al ser humano. Como reza la cita que figura en el encabezamiento del blog de Vicky (La cadera de Eva—una guapa gallega, neilyoungera y bióloga en ciernes, nada menos— «la ignorancia nos hace felices, pero el saber nos hace libres». Y añadiría: … si sabemos compaginarlo con la capacidad de sentir y emocionarnos.
   En cierta manera, este post ha sido inducido por una percepción propia cada vez más marcada que el mundo parece estructurarse en torno a ese esclavismo para con los nuevos avances tecnológicos, que tienen un tanto de moda pasajera. Pero ya se sabe que las modas tienden a perpetuarse en la sociedad del consumismo; eso sí, van cambiando de muda temporada tras temporada para que tengamos la impresión que todo es diferente hasta que volvemos al mismo punto de partida. Puro juego ilusorio. Ese mundo virtual que de una forma sibilina va dando la estocada a individuos que parecen ampararse únicamente en el intelecto que resulta tan rentable en aprecio de internautas tot court. A un servidor no lo encontrarán aferrado a esta dimensión conocida. Mi apego a la Madre Naturaleza, a viajar y a ese anillo de personas a las que aprecio y/o quiero es demasiado grande para quedar atrapado en este bucle virtual infinito. Y de esta forma, trataré de preservar mi capacidad para seguir razonando desde la emoción y de la defensa de los valores (fuera del sesgo religioso, primar la defensa de la amistad y aplicar el principio de solidaridad, entre otros) con los que he crecido y sigo creyendo.    

jueves, 8 de septiembre de 2011

UN ASUNTO DE MUJERES: EL «DSK GATE»


En uno de los mejores documentales relativos al mundo del cine que he podido ver a fecha de hoy, El chico que conquistó Hollywood (2002), el personaje al que alude el título, Robert A. Evans, dijo una frase que tenía visos de sentencia mientras esbozaba una perversa sonrisa a la conclusión de la misma: «No hay peor venganza que la protagonizada por una mujer despechada». Otro seductor que hizo del ejercicio del poder de altos vuelos el centro de gravedad de su existencia y que cuando el viento sopla a favor suele regalarnos una similar sonrisa mefistofélica, Dominique Strauss-Kahn (1949, Neuilly-Sur Seine), en su particular pesadilla experimentada en el curso de este verano ha recibido sistemáticamente el aliento de Anne Sinclair, perteneciente a esa estirpe de mujeres que Evans debió tener en mente al sincerarse ante el objetivo de Nanette Burstein y Brett Morgen, favorecido por este estado en que uno parece de vuelta de todo. Sin poseer la marca de Evans de siete matrimonios a cuestas uno anulado y el sexto divorcio en tránsito— y, por consiguiente, de conocer el alma de aquellas mujeres acostumbradas a moverse en los aledaños o en las esferas del poder, Strauss-Kahn contabiliza con Anne Sinclair su tercer enlace conyugal. La rica heredera de un imperio forjado en especial por la condición de marchante de arte y en particular, de Pablo Ruiz Picasso- de su abuelo paterno de inequívoca ascendencia judía (Paul Rosenberg), Anne Sinclair decidió abandonar su cargo de presentadora-estrella de la TF1 francesa para situarse a la sombra de un hombre que ambiciona(ba) ocupar la presidencia de la República francesa destronando, de esta forma, al actual titular Nicolas Sarkozy. Advertido incluso por éste último que los deslices sexuales no tributan de igual manera en los Estados Unidos que en Francia, en las horas bajas de Dominique Strauss-Kahn (que tocaron fondo con su ingreso en la prisión de Rikers Island del estado de Nueva York, no precisamente un santuario habilitado para convictos de distinto jaez), a buen seguro, regresarían a su memoria aquellas palabras expresadas por un adversario político que parecía saber bien de que pie cojeaba el taimado dirigente socialista que asumiría en 2007 el cargo de Director del FMI (Fondo Mundial Internacional). Con un pie puesto en la política internacional y otro en la doméstica, las palabras de Sarkozy tuvieron un sentido profético, quedando como «pena de telediario» para DSK la estampa del todopoderoso enmanillado y con la cabeza gacha librado a su suerte ante un tribunal neoyorquino circundado por un grupo de apoyo a Pravin Gordhan, la mujer supuestamente ultrajada en la habitación del Sofitel New Hotel donde trabajaba en calidad de labores de limpieza.  Semanas más tarde, DSK y señora regresarían a esa Francia ocupada por una nube de periodistas en la zona VIP del Aeropuerto Charles De Gaulle. Él lo hacía con la sonrisa dibujada en un rostro que ha envejecido varios años en poco más de un mes; ella, altiva, segura, firme en sus convicciones, pese a las sombras de sospecha de la infidelidad de su partenaire, de una defensa a ultranza del hombre que cambiaría el curso de su rumbo profesional... y vital. De aquella etapa de plenitud periodística, Anne Sinclair ha tratado de preservar su contacto con la realidad de la política nacional e internacional a través de un blog referencial. Pero una vez Dominique Strauss-Kahn ha podido librarse de las cadenas de la jurisdicción estadounidense, Sinclair ha decidido cancelar su blog para centrarse en rendir cuentas con el pasado reciente y, de esta forma hacer bueno el proverbio del siglo XX que desde las entrañas de su alma dolida y doliente pronunciaría Robert Evans. Sinclair está a punto de hacerlo, en primera instancia, a través de un libro titulado Madame DSK. Un destin brisé, de cuya redacción (al dictado) se han ocupado Renaud Revel y Catherine Rambert. Ya se sabe que Francia es un país de lectores, pero representa toda una incógnita si semejante ejercicio en prosa bastará para restituir el honor perdido de Dominique Strauss-Kahn ante el electorado socialista galo. El papel de las primarias se puede dilucidar, en forma de plebiscito, en las librerías, al tiempo que una nueva amenaza se cierne en el horizonte más bien próximo. La otrora colega de Anne Sinclair, Tristane Banon, ha cursado una demanda penal al haber sido violada. según su punto de vista, por Strauss-Kahn hace ocho años. De todo lo que ha rodeado en el último decenio a DSK, la imagen de Banon indignada frente al televisor al salir libre de todo cargo el ex presidente del FMI —el poder que todo lo puede— es la que me cuadra más con el concepto de lo auténtico. Una palabra que se revela hueca en el particular vocabulario que manejan entre sí esos seres queridos que han hecho de las falsas apariencias la fortuna de vivir. Dos enigmas en uno.  

miércoles, 31 de agosto de 2011

ENSAYO SOBRE EL «NAPOLEÓN» DE STANLEY KUBRICK EN DIRIGIDO POR (SEPTIEMBRE 2011)

Después de haber publicado en 1999 Stanley Kubrick: una odisea creativa (Dirigido por…, Colección Serie Mayor nº 9) podrá consultarse en las páginas de Dirigido por (la revista que el próximo año cumple su 40 aniversario) un ensayo que he realizado y titulado El Napoleón de Kubrick: la historia más grande jamás filmada. En razón de la monumental obra editada por Taschen (Stanley Kubrick's Napoleon: The Greatest Movie Never Made) recientemente en una edición bastante accesible relación calidad-precio, he podido leer este verano el guión íntegro que se reproduce en la parte central del mismo. A partir de entonces, escribí una suerte de ensayo que tiene un riesgo meridiano en tanto que no se rodó ni un solo fotograma del anhelado proyecto de Stanley Kubrick. El resultado del mismo se puede encontrar en el nº 414, el correspondiente al mes de septiembre del año en curso de la veterana revista especializada en cine. Para abrir boca, aquí está el fragmento inicial del ensayo que ocupa un total de cuatro páginas de Dirigido por:
LOS RELATOS SOÑADOS DE KUBRICK: ENCRUCIJADA DE PROYECTOS
Para una obra como la de Stanley Kubrick que comprende tan sólo trece largometrajes sustanciados a lo largo de casi cincuenta años, inevitablemente los proyectos que quedarían aparcados fueron varios y, en la mayor parte de estos casos, reveladores de las intenciones autorales del cineasta neoyorquino. Desde hace relativamente poco tiempo han coincidido en el mercado editorial Stanley Kubrick’s Napoleón: The Greatest Movie Never Made (2009-2011, Ed. Taschen) (1) y Una peli porno (2011, Ed. Valdemar) de Terry Southern. Sendas obras comprometen al nombre de Kubrick; el primero compila todo el material existente, extraído de los archivos del director, sobre Napoleón, y del que conformaría un guión a partir de innumerables lecturas referidas al emperador francés; el segundo se aplicaría en un sentido más «lúdico» pero nunca llegaría a prosperar en forma de libreto pese a la buena sintonía exhibida con su autor, Terry Southern, el mismo que le había descubierto la novela de Anthony Burgess “La naranja mecánica” (1962) en la época de ¿Teléfono Rojo?: volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove…, 1964).Un lustro más tarde de haber estrenado esta sátira política y militar cuyo guión habían firmado ambos en coalición con el propio Peter George (el artífice de la novela), Stanley Kubrick se situaba en un auténtico «cruce de caminos» al haber acumulado diversos proyectos pero ninguno de ellos prosperaría. Además del monumental compromiso adquirido con la historia relativa a Napoleón Bonaparte —para tal menester, había desplegado un auténtico «ejército» a la búsqueda de localizaciones, escudriñar datos biográficos, encargar piezas de vestuario, etc.— por espacio de varios años, y de haber tanteado la posibilidad de adaptar el texto de Southern —recorrido por su perenne mordacidad y corrosivo sentido del humor— en forma de blue movie, Kubrick barajaría la opción de traducir a la gran pantalla “Relato soñado” (1926) de Arthur Schniztler (1862-1931). Esta última se convertiría, al cabo de muchos años, en Eyes Wide Shut (1999), el canto del cisne del realizador judío. En cambio, su particular visión sobre Napoleón se quedaría sin materializar; un personaje al que paradójicamente quizás le había dedicado más tiempo que ningún otro en su vida y que, en buena medida, sus respectivas personalidades se solapaban. Al hilo del guión que escribió el director de Fear and Desire (1953), en el curso de una velada en el Palacio de Tuilliers, Napoleón Bonaparte suelta a Monsieur Trillaud una frase que deviene la quintaesencia del pensamiento del cineasta estadounidense: «La sociedad es corrupta porque el hombre es corrupto — porque es débil, egoísta, hipócrita y avaricioso. Y no ha edificado este camino para la sociedad, ha nacido en esta dirección —puedes observarlo incluso en los chicos más jóvenes—».
    Se desconoce el tiempo que pueda transcurrir hasta que se de luz verde al proyecto ideado por Kubrick, sobre todo por el obstáculo que supone los costes económicos. Sea como fuere, al haberse abortado las líneas de financiación de Napoleón versión Kubrick se nos privaría del que presumiblemente hubiera sido una de las producciones que definiría con mayor tino su cuerpo autoral, tendiendo puentes a nivel temático y conceptual con la práctica totalidad del resto de su filmografía, incluso entre aquellos títulos que parecen desligados de la misma —Espartaco (Spartacus, 1980)— (...)    

Esperemos que este sea el principio de una fructífera colaboración con una revista de la que poseo buena parte de los más de cuatrocientos números (encuadernados) que han publicado a fecha de hoy. Veremos. Pertenezco a esa generación en que las revistas de cine — ausente del panorama Internet— comportaba una puerta al conocimiento y porqué no, a la discrepancia en torno a una disciplina artística que nos fascinaba y que, en particular, me sigue fascinando.


Para más información id a Enlace a página web de Dirigido por...
Para más información sobre el libro del Napoléon de Kubrick id aEditorial Taschen

miércoles, 24 de agosto de 2011

PEPE & MOURINHO O LA DERIVA BLANCA: ESTAMPAS DEL FÚTBOL ESPAÑOL (II)

Al hilo del conflicto generado entre la LFP (Liga de Fútbol Profesional) y la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), que ha llevado a la suspensión de la primera jornada de la Liga para la temporada 2011-12 con visos a prolongarse una jornada más, se han alzado no pocas voces que señalan que el fútbol español vive su particular matrix. Una realidad que parece ajena a lo que ocurre a pie de calle, en que algunos futbolistas y entrenadores de pedigrí hacen méritos para, si aciertan mínimamente en el capítulo de las inversiones, presentar avales para ingresar en el Club Forbes. A través de ese sueño reparador que supone el dinero, algunos futbolistas de alto standing no tan sólo pierden la perspectiva que sus sueldos millonarios están en franca desproporción a la realidad de un país que se desangra por la base, sino que han llegado a aparcar el buen juicio en virtud de una defensa a ultranza de una deriva sin rumbo maquinada por un individuo, José Mourinho, que el pasado día 18 de agosto (en horario de madrugada) dio la medida de su catadura moral. Ese mismo fútbol español que se ha «bunkerizado» y que, a día de hoy, no ha dejado filtrar un solo caso de homesexualidad entre su colectivo (entre más de trescientos futbolistas y todo lo que llevamos acumulado de anteriores ligas), se replegará sobre sí mismo para tratar de encubrir una realidad que ya no tiene vuelta de hoja. Entre sus filas se localizan, al menos, dos personas que se retroalimentan entre sí, y que se distinguen por sufrir alteraciones mentales que les conducen a comportamientos imprevisibles, algunos de los cuales, puede suponer riesgo para la integridad física de otras personas. Ha bastado algo más de una temporada para certificar que Mourinho es una persona enferma, a la que su Presidente, Don Florentino Pérez, da carta blanca para lo que le venga en gana. Después de hacer bandera contra la hipocresía en las ruedas de prensa, el entrenador portugués se exhibía ante las cámaras de todo el mundo con motivo de la Supercopa de España 2011 en el Nou Camp en uno de los actos más ruines, viles y vergonzosos que pueda ofrecer un profesional que, para más inri, cobra diez millones de euros por temporada libre de impuestos. Esas embestidas verbales con las que se había ensañado no hace demasiado tiempo en relación a Manolo Preciado y Manuel Pellegrini, del Real Sporting de Gijón y del Málaga CF respectivamente, traspasan una vez más la línea para situarnos en la agresión física hacia un colega de profesión, Tito Vilanova el segundo de abordo de Josep Guardiola, al que desprecia en la rueda de prensa al ignorar cómo se llama en realidad. Entretanto, el César Florentino Pérez calla y otorga, en un ejemplo más que durante su mandato esa cancioncilla en torno al señorío del Real Madrid va perdiéndose a cada mes vencido. Tal para cuál. El fin justifica los medios, debe razonar Florentino Pérez, dejando que Mourinho campe a sus anchas con esa soberbia que le caracteriza, que va engulléndose en una espiral de torpes disculpas, de complots arbitrales y una defensa a ultranza de sus jugadores que definitivamente se volverá en su contra. Y lo hará el día que a Kleper Laveran Lima, álias Pepe, se le vuelvan a cruzar los cables y retire a un futbolista de por vida. Entonces todo serán lamentaciones, pero muchos ya advertíamos que a las fieras no se les pueden dejar sueltas en un campo de fútbol. Un informe médico ya hace tiempo hubiera aconsejado que Pepe, después del atentado perpetrado contra el jugador del Getafe para evitar una ocasión de gol, le hubiera aconsejado un eterno descanso en un resort de El Algarve. Ya lo ha dicho el defensa blaugrana Gerard Piqué: «Mourinho se está cargando al fútbol español». Bajo su «protectorado» opera ese especialista del fútbol cavernario llamado Pepe, al que como medida cautelar cabría retirar su licencia para la práctica del balompié. Con todo, el fútbol español no admite que entre sus filas puedan haber personas que padecen un desequilibrio mental considerable. Pero los hay, como en la vida misma. Suele vestir de blanco en el terreno de juego con el dorsal 3 a la espalda y en los banquillos se le conoce por esas actitudes indulgentes, una mirada de desprecio y con el dedo apuntando al enemigo. No me mueve la pasión por los colores, sino el pesar por contemplar que el fútbol español requiere asistencia no tan sólo en el Ministerio de Economía sino en el Ministerio de Sanidad... mental. Mientras el César no se baje del burro, las cosas seguirán igual para ese Real Madrid que tuvo a gala, en un pasado no demasiado lejano, contar con auténticos caballeros en el banquillo como Jupp Heynckes, Radomir Antic, Vicente del Bosque o el citado Pellegrini. A diferencia de lo que ocurre en nuestra sociedad a nivel económico, el Madrid se descompone por la parte alta de la pirámide con ese cuerpo de pelotas triste papel el de Aitor Karanka, el segundo entrenador de la plantilla merengue— bailándole el agua a ese impresentable llamado Mourinho, que un 18 de agosto de 2011 cavó su propia tumba a efectos de la plana mayor de aficionados al fútbol que llevan a gala la idea que el deporte debe ennoblecer a las personas. Con su acto, cobarde y traicionero, y más aún con su voluntad por negar la realidad sin ni tan siquiera apelar a la disculpa a la persona agredida, Mourinho quedó retratado como un individuo desprovisto de la cordura necesaria para dirigir un banquillo de una entidad de la solera del Real Madrid. El día y la noche en relación a Josep Guardiola, por el que profeso una enorme admiración más allá de sus triunfos futbolísticos.

miércoles, 17 de agosto de 2011

TONY STRATTON SMITH (1933-1987): UN ROMÁNTICO DE LA ESCENA MUSICAL INGLESA

Aún a los seguidores más veteranos de Old Trafford se les debe hacer un nudo en la garganta cuando se rememora, en algún que otro homenaje, la tragedia que asoló a los red devils el 6 de febrero de 1958 mientras el avión que llevaba al equipo del Manchester United a Londres se estrelló en las cercanías de Munich después de haber disputado los cuartos de final de la Copa de Europa con el Estrella Roja de Belgrado. Un total de veintitrés personas, entre jugadores de la primera plantilla, directivos, periodistas y técnicos de vuelo, fallecieron en aquel día que tiñió de luto al planeta futbolístico. La reconstrucción del ManU se basó, en gran parte, en la capacidad de liderazgo de uno de los supervivientes, Sir Bobby Charlton. Como suele suceder en la trastienda de las historias que competen a aquellos que fueron o han sido víctimas de una tragedia aérea no faltan las anécdotas del personal que se quedó en tierra y que salvó el pellejo por un golpe de suerte. Entre los favorecidos por la Diosa fortuna de aquel ya remoto 6 de febrero se encontraba Tony Stratton Smith, un personaje de lo más variopinto que por entonces cubría para un periódico londinense los temas de cariz deportivo. Al personarse tarde en el aeropuerto de Stuttgart, Straton Smith puede decirse que se contabilizaría entre los vivos gracias a una impuntualidad que luego se convertiría en costumbre. Quién sabía de la historia que trajo consigo, supo disculparlo.
   Sin abandonar su querencia por el mundo del fútbol se encargaría durante años de la edición de una especie de anuario sobre el deporte del once contra once que nació en las Islas Británicas, Stratton Smith se movía cada vez más en los círculos de la efervescente escena musical. Grupos crecían por doquier en la Swinging London, siendo Stratton Smith uno de los que estuvieron al quite y que, a través de su sello Charisma Records, contribuyeron decisivamente a impulsar carreras de grupos que, de no haber prosperado a las primeras de cambio, se hubieran quedado varados por los tiempos de los tiempos. Ya se sabe que las urgencias económicas operan como aves de rapiña al despiece de presas propicias. Pero antes que asomara la sombra de algún que otra quebrantahuesos, Stratton Smith tendió la mano a Genesis movido por un sexto sentido que razonaba sobre aquel cuarteto de pijos surgidos de la elistista Charterhouse Public School como futuras figuras de ese movimiento del rock sinfónico que había tenido su particular año Cero merced a un LP que llevaba la rúbrica del grupo The Nice, asimismo auspiciado por Straton Smith. El buen ojo al fichar a la banda en que llevaba la voz cantante Peter Gabriel ayudó a mantener a flote las, a menudo, depauperadas arcas de Charisma Records. El color rojo era el que mejor lucía en la cuenta de resultados de un sello independiente que iba sangrando por otra herida abierta que cabía no perder de vista: la afición a las apuestas a los caballos y la facilidad por ingerir toda clase de bebidas alcohólicas («en ocasiones se bebía dos botellas de vino y algunos brandis con el almuerzo (…) A veces dejaba de beber durante el fin de semana, pero de lunes a viernes iba siempre cargado», relataría la secretaria de la compañía Gail Colson en un volumen dedicado a recomponer la historia de Genesis que, para muestra un botón, hace honor a su subtítulo, El libro de las revelaciones ). Con su hígado sacando la bandera blanca, «Strat» no dejó de visitarlos pubs y locales como el Marquee Club en lugar con mayor asiduidad que el despacho de Charisma Records. Puede que su dipsomanía le hubiera hecho firmar algún contrato de más o de menos por el sello del Soho londinense desfilaron Van der Graaf Generator, Lindisfarne y los mencionados Genesis, entre otros sabiéndose que la tesorería de Charisma tenía más bien poco colchón. Pero, por su parte, haciendo honor al título de la compañía quiso endilgarlo a alguna banda en ciernes sin fortuna alguna, el carisma, a falta de una robustez financiera, sirvió para llevarse a su vera formaciones que luego lucirían palmito en el panorama musical.
  En ese revival sesentero al que se han acogido no pocas producciones británicas en los últimos tiempos An Education (2009), Nowhere Boy (2009), etc., podría tener acomodo en un futuro cercano una historia en clave tragicómica que pivotara sobre un trasunto de Stratton Smith. Quisiera imaginar como el más adecuado para tal envite Stephen Fry, coincidente con Stratton en el plano personal con sus tendencias homosexuales , un cuerpo entrado en carnes, una melena que le cubría parte del rostro ovalado, una mirada burlona y una altura intelectual que ha revertido en la escritura de libros (Colson cita un título, La monja rebelde, que de haber quedado en pie algún ejemplar se estará cubriendo de polvo en librerías de viejo de la esfera británica). Impagable sería la reproducción del episodio en que Stratton Smith entrara en contacto con los Monty Python para financiar, en parte, el estrafalario e irreverente show Monty Python & the Holy Grail. Y una vez se apagara el telón, sobre los títulos de crédito finales se pudiera escuchar el Time to Burn de Peter Hammill, dedicado a la memoria de «Strat», fallecido en 1987 con tan sólo cincuenta y tres años. Pero según se mire, casi treinta años más de lo que el trágico destino le hubiera deparado de haber hecho caso al reloj de pulsera antes que al biológico.

sábado, 13 de agosto de 2011

EL «OTRO» THOMAS TRYON (1926-1991)

El próximo 4 de septiembre se cumplirán veinte años de la muerte de Thomas Tryon (1926-1991), actor que resplandeció en la década de los cincuenta pero que pronto su estrella cinematográfica y televisiva declinaría. Nunca he sentido la convicción de que Tryon fuera algo más que un discreto actor, pero mi valoración cambia sustancialmente al medir su capacidad de narrador de relatos cortos y novelas, en un ejercicio al que se consagró toda vez que se retirara de los platós cinematográficos a finales de los años sesenta. Un tránsito, el de la interpretación a la escritura en prosa, que se eleva por derecho propio en una excepción entre los correligionarios que anduvieron por el Studio System. Leídos algunos de sus escritos, cabe interrogarse cuán lejos hubiera podido llegar Tryon si, en lugar de sobrevenirle el gusanillo por la interpretación hubiera escogido enfilar el sendero de los Norman Mailer, Kurt Vonnegut, Phillip Roth y tantos otros. Me atrevería a decir que hubiera formado parte de esa Corte de grandes literatos estadounidenses que habían tomado el testigo de los Erskine Cardwell, John Dos Pasos, Ernest Hemingway o F. Scott Fitzgerald, este último un referente a tomar en consideración al ir desgranando las esencias del mayúsculo prosista que, en cualquier caso, resultó ser Tyron.
   Gracias a Tomás Fernández Valentí hace poco he podido leer Mitos de cristal (1976), en una edición ya añeja a cargo de Argos Vergara. Claro que el principal atractivo de este Crowned Heads repose en Fedora uno de los cuatro relatos— en virtud de la adaptación al cine que llevara a cabo Billy Wilder en la que se corresponde con su última delicatessen. Pero con todo lo de interesante que subyace en el texto de Fedora una mirada sobre el mito (bajo el patrón de la Greta Garbo) que se camufla de la sociedad en una charada que soporta la parte de misterio del relato, Lorna representa un magisterio de escritura cincelado por una parte final que no tiene desperdicio. Un prodigio de escritura detallista que describe a lo largo de unas ochenta páginas la vida de la actriz Lorna Doone sin parentesco con el personaje del film homónimo de Phil Karlson, cleptómana, promiscua, viva-la-virgen que entra en barrena desembocando en parajes exóticos de la costa española (allí vivió uno de sus últimos coletazos cinematográficos el bueno de Tryon) o de México cuando las luces se apagan en ese medio donde se había cruzado con Fedora y Willie Marsh en el plató, otro de los personajes que merecen un capítulo aparte, en forma de relato, en Mitos de cristal, para cuyo bosquejo Tryon se ampararía en la vida y muerte de Ramón Novarro, asesinado en extrañas circunstancias. El cuadro de los relatos de Crowned Heads se completa con Bobbitt, la propuesta menos sugerente en que la historia se alarga en exceso cuando todo parecía indicar que con una cuarentena de páginas bastaría para dar a conocer a esa ex estrella infantil que toma el perfil, pongamos por ejemplo, Roddy McDowall. Independientemente de que Bobbitt quede coja en relación a los otros tres relatos, la conecta con ese mundo infantil malsano, lleno de perfidia que destila su masterpiece El otro (1971), la cual leí hace años en edición de Opera Prima. Me reservo la dicha de volver en el futuro sobre la literatura de Tryon, ya bien sea revisando The Other en contra de lo que se pueda presuponer, con notables diferencias respecto a la soberbia versión cinematográfica guiada por el sentido y la sensibilidad propia de Robert Mulligan  o accediendo a los textos de Lady (1974), Harvest Home (1973) existe una adaptación televisiva en formato miniserie de ese relato de terror con trasfondo de mitos paganos a lo Wicker Man con Bette Davis, otra de las caras posible de Fedora o Night Magic (1995), publicada a título póstumo. Toda una ironía razonando que se trata de un relato sobrenatural en cierta manera, siguiendo ciertos enunciados de El otro— ordenado por la mente de este escritor que encierra en sí mismo una historia de novela y, a renglón seguido, de película con tintes folletinescos, a imagen y semejante de Mitos de cristal. A Otto Preminger se le deben muchas grandes películas (entre mis favoritas, El rapto de Bunny Lake), pero para la causa literaria, el haber «torturado» a Tryon en el plató de El cardenal (1963). El hastío para con el medio empezaría entonces a hacer mella en Tryon y con ello una retirada que supuso un renacer como escritor. Veinte años le pusieron a prueba. Tiempo suficiente para ir descubriendo un filón lleno de talento.