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domingo, 12 de junio de 2016

EL PRINCIPAL ALIADO DEL PARTIDO POPULAR, LA IGNORANCIA: CRÓNICAS DEL 26-J (I)

Mientras en el estado español, a las puertas del verano de 2012 se empezaba a evidenciar que las promesas de bajada de impuestos propagadas a los cuatro vientos por el PP (Partido Popular) caían en saco roto, asumiendo una vez instalados en el poder con mayoría absoluta precisamente lo contrario, un catalán ilustre llamado Jordi Savall recibía el premio Léonnie Sonning Music por el conjunto de su trayectoria profesional. Aún afligido por la reciente pérdida de Montserrat Figueras, su colaboradora y compañera sentimental por espacio de más de cuarenta años, Savall, a instancias de un periodista de El País que le realizó una entrevista telefónica acertó a mostrar su gratitud para con los organizaciones del prestigioso premio instaurado en Copenhague y, a renglón seguido, reflexionar en torno a la importancia que se concede hoy en día a la creación artística en el marco de sociedades teóricamente avanzadas como la nuestra. Así pues, el violagambista Savall sentenciaría que «el peor enemigo del ser humano es la ignorancia», una frase que bien hubieran podido suscribir otros ilustres premiados con el Léonnie Sonning Music en ediciones anteriores, como Benjamin Britten, Leonard Bernstein o Daniel Barenboim. Esa misma ignorancia que llevaría a un pueblo o más bien dicho al crisol de pueblos que conforman España a dar por bueno que los programas electorales de los partidos políticos representan una suerte de Sagradas Escrituras con apelación a ser cumplidas a rajatabla una vez alcanzado el poder sopena que en los siguientes comicios les pase una factura prácticamente imposible de asumir.
    Desde entonces han pasado muchas cosas en el estado español (incluida la renuncia del propio Savall en 2014 a recibir el Premio Nacional de la Música por parte del gobierno español al entender el poco valor que se le sigue concediendo a la cultura, reflejado en las partidas presupuestarias), pero la ignorancia sigue siendo el principal aliado para que el miedo penetre en la corteza cerebral de millones de personas que siguen a pies juntillas el mantra de que al partido que antaño confiaron su voto —el PP, of course— representa la salvaguarda de la «certidumbre, la moderación y la seguridad frente a los radicales y extremistas» (Mariano Rajoy dixit), amén de ser los principales valedores de la preservación de la unidad del estado español con permiso de Ciudadanos (C’s). Por arte de magia, Jorge Moragas, el director de campaña del PP de cara a las elecciones generales del 26-J (toda vez que se evidenciaría el fracaso de los comicios del 20-D a la hora de articular una serie de alianzas que dieran como resultado de la ecuación la formación de un gobierno más o menos estable), ha evitado que la palabra corrupción se cuele en los discursos preceptivos de los hombres y mujeres que lideran un partido carcomido por la misma. Sus dirigentes tienen la certeza que la bandera de la ignorancia ondeará con fuerza en ese 26 de junio marcado en azul por parte de simpatizantes que impelidos a evitar un avance inexorable del enemigo a batir en esta ocasión –Unidos Podemos (una vez llegado a un acuerdo con Izquierda Unida / IU)— depositarán su voto con o sin la pinza puesta. Aquella pinza que cabría llevar guardada en el bolsillo de un pantalón o de una falda si vieran más allá de esas imaginarias orejeras que les han hecho comulgar con esas ruedas de molino en forma de manifestaciones de la cúpula del PP y subalternos —adscritos a los medios de comunicación, entidades bancarias y demás—, dando a entender explícitamente que Unidos Podemos, de llegar a presidir el gobierno, podría suponer un peligro para la democracia (sic). Acorralados por los casos de corrupción que afectan al PP y saltan a los medios de comunicación todas las mañanas del mundo —tomando prestado el título de la película francesa cuya música nos revelaría a muchos de nosotros el conocimiento del nombre de Jordi Savall— desde hace años, la estrategia diseñada en la sombra por Moragas y Pedro Arriola, el asesor principal de Mariano Rajoy, parece clara. Puede que el PP gane los próximos comicios del 26-J porque juega con las cartas marcadas verbigracia de esa píldora de la ignorancia que inhibe la capacidad de reflexión de gran parte de un electorado ubicado en la franja de la (ultra)derecha. Pero espero y deseo que la capacidad de reflexión se apodere de una izquierda (Unidos Podemos) y de un centroizquierda (PSOE) para llevar a cabo unas políticas capaces de satisfacer a la inmensa mayoría de la población española (con sus distintas identidades nacionales) y por ende, contribuir a revertir las políticas de la Unión Europea dictadas desde las cancillerías alemanas que han sido ajenas al sufrimiento de tanta gente, sobre todo del sur del viejo continente. De no ser así, vaticino que será el principio del fin del PSOE en su definición "totémica", un partido que debe soltar lastre si quiere sintonizar con un electorado joven que sí ha conquistado Podemos con un programa elaborado por personas que se sitúan a las antípodas de la ignorancia, aunque sus propuestas no resulten del agrado de muchos de mis paisanos.

martes, 6 de mayo de 2014

JORGE MORAGAS: MISERIAS DE UN «MOCHILERO» SIN IDENTIDAD

Hace pocas fechas el editorial del Financial Times reincide en sus críticas al gobierno del PP y más concretamente a su presidente Mariano Rajoy de “esconderse” tras la Constitución para no tender puentes de diálogo con el Govern de la Generalitat de Catalunya de Artur Mas. El prestigioso e influyente rotativo británico aboga por buscar una solución intermedia, una tercera vía que evite cualquier escenario de separación entre Catalunya y el resto del estado español. En este punto del relato, a medio año de que se pueda realizar una consulta popular (al parecer, no vinculante), el presidente del gobierno podría mover ficha, teniendo además un catalán como su brazo derecho, el Jefe del Gabinete de Presidencia y Diputado del PP Jorge Moragas (Barcelona, 1965), para facilitar esos puentes necesarios a los que alude el Financial Times. Pero Moragas ha demostrado por activa y por pasiva que hace frente común con el enrrocamiento propio de un mandatario incapaz de salirse de su hoja de ruta, aquella destinada a pasar a la historia como un reformista y gestor de un país sumido en una crisis galopante desde el principio de la legislatura. Él es la sombra de Mariano Rajoy allá dónde vaya el político gallego. Más que la cautela y la prudencia, lo que define a Moragas es su condición de «hombre-sin-rostro», el pelota del jefe  que no se sale ni un milímetro del plan que le ha reservado Rajoy hasta el final de su mandato de Presidente del Gobierno. Moragas ha quedado “abducido” por el poder, mostrándose un personaje alejado de aquel joven diputado dispuesto a dejarse “seducir” por los “encantos” de la avispada reportera Thais Villas —también catalana— de la Sexta, a pie de moto mientras se escuchaba de fondo otro rugido, el de los leones que custodian el Congreso de los Diputados. Con la llegada al Gobierno de Rajoy, Moragas ha pisado el acelerador y se ha consagrado a llevar la agenda del Presidente del PP, colocándose esas “orejas de burro” dispuestas para no ver más allá en el camino la realidad que les interesa, la de las cifras macroeconómicas para repetir, cuál mantra, las bondades de las políticas reformistas adoptadas. Muestra inequívoca que Jorge Moragas se ha transformado en un “accesorio” de Mariano Rajoy, cada vez con menor capacidad para razonar por sí mismo y de (de)mostrar que tiene criterio propio se dio en el curso del programa Salvados que abordaba el tema de la realidad del sector de discapacitados físicos y psíquicos que han sufrido los estragos de los recortes sociales hasta el extremo de dejarlos en una situación franca a la desesperación. Un tema ciertamente sensible cuya principal voz a lo largo del programa sería la de Jaume Martorell, parapléjico alicantino cuya minusvalía no le impide mostrarse activo en la defensa de una lucha que toda persona de bien debe entender justa. A tal efecto, en junio de 2012 Martorell envió una carta a la Presidencia del Gobierno formulada sobre el auténtico despropósito que comportaba los recortes sociales en un sector necesitado de estos recursos simplemente por una cuestión de supervivencia. La respuesta distaba de ser la que le hubiera gustado leer Martorell y el resto de personas que se encuentran en una situación parecida. Dado el cargo que Moragas ostenta desde 2012 parecía “ajustada a derecho” la petición de Jordi Évole, conductor y presentador de Salvados, para que ofreciera su parecer sobre el asunto, máxime cuando los políticos se suelen llenar la boca al intentar sentirse próximos a los problemas de la calle para tratar de contrarrestar su mala imagen cara a la sociedad. Las tentativas de los responsables del programa resultaron infructuosas en este sentido, pero Évole se guardaría un as en la manga y procedía, vía iphone, a contactar con Jorge Moragas, quien desde el primer instante se mostró “fuera de sitio”, runruneando más que manteniendo una conversación. Al cabo, Évole conminó a Moragas que escuchara la propia petición de Martorell, pero éste escurrió el bultó y decidió colgar, no sin antes recriminar al atribulado periodista que no hubiera resuelto las cosas de una mejor manera. Évole se justificó que tuvieron el silencio por respuesta para que el PP expresara su opinión o su punto de vista sobre un tema candente en la sociedad, más cuando afecta a uno de los sectores que mayor desamparo sufren.
Han pasado días, semanas desde aquel lamentable episodio, pero ese fontanero del Gobierno del PP sigue sin disculparse. Él sabrá las razones porqué no lo hace; todo parece medido en su agenda. Quizás sea consciente que una muestra pública de disculpas sea interpretada como un signo de debilidad por su mandamás Rajoy y, por consiguiente, “munición” para los adversarios políticos. Él (Moragas) calla. Ambos callan. Se tapan sus vergüenzas y siguen paseándose (el uno la sombra del otro) por medio mundo con la miras puestas en querer salvar al país. Moragas tuvo la oportunidad en ese programa de Salvados por comportarse conforme a persona con calidad humana, al menos en apariencia con una voluntad por dar amparo a los más necesitados. Pero Moragas operaría en sentido contrario, mostrándose el individuo que desde la atalaya del poder ha perdido contacto con la plebe. Seguro que Moragas (dicen de él  que es un gran cinéfilo), se cuela antes en una sala para contemplar historias de superheroes (con la factoría Marvel a pleno rendimiento tiene dónde escoger en los últimos años) que las cautivas de un tratamiento de la realidad social que coloca a diario la soga a infinidad de familias. El cine de Ken Loach, Stephen Frears o Mike Leigh le debe dar grima. Como tantos superheroes se coloca la coraza para repeler cualquier tipo de ataques. Pero para los ciudadanos que nos miramos los unos a los otros desde el mismo plano tenemos el derecho a “réplica”, a levantar la voz (no en el sentido literal) para dejar en evidencia los comportamientos de ciertos políticos de la catadura moral de Jorge Moragas, a quien su negativa por disculparse frente a Jaume Martorell le pesará como una losa en sus, intuyo, aspiraciones de alcanzar mayores cuotas de poder en el PP, escalando posiciones para quién sabe si algún día tomar el relevo del que ha sido su sombra estos años de agitada agenda. Ya se sabe que las cosas negativas suelen pesar mucho más que las positivas a la hora de pasar balance de una vida. Y allí estarán las heremotecas, Youtube y otras ventanas de la información de la era digital para levantar acta de las “miserias” de Jorge Moragas, alguien que sigue recibiendo clases en la Escuela Privada del «Padre» Mariano Rajoy y Brey con domicilio en la calle Génova.


miércoles, 3 de julio de 2013

LA PRESUNTA ENFERMEDAD «NO DESVELADA» DE MARIANO RAJOY: LA ALEXITIMIA

En el colmo de la desfachatez asistíamos semanas atrás a una rueda de prensa (sic) en que el presidente del gobierno de España aparecía en una sala de la sede del PP siendo observado por la concurrencia de medios de comunicación a través de una pantalla de plasma. Evidentemente, en esa escenificación cuál holograma, no cabían las preguntas que, a buen seguro, los distintos medios de comunicación citados en la calle Génova estaban celosos de formular al presidente del gobierno sobre todo en lo concerniente al caso Bárcenas. Al cabo, una cuestión se hace especialmente pertinente: ¿existe diferencia entre el Mariano Rajoy “virtual” y el real? Me aventuro a razonar que la nula capacidad de empatizar, a transmitir emociones, a poder codificar un lenguaje gestual del líder del PP nos lleva a la conclusión que es un político, a efectos de la difusión de sus alocuciones o sus mensajes en clave política y/o económica, al que da lo mismo contemplar en directo, en vivo o… en diferido (Maria Dolores de Cospedal dixit).
   A cuenta de todo ello, tiempo atrás barajaba la posibilidad en este mismo blog que Mariano Rajoy sufriera una enfermedad llamada alexitimia, un desorden neurológico que afecta a un sector considerable de la población incapaz de identificar emociones y, por consiguiente, incapaces de expresarlas. A menudo este trastorno puede confundirse con una actitud de pasotismo, de desprecio frente a los sentimientos ajenos, pero en muchos de los casos deviene un diagnóstico erróneo que esconde una realidad mucho más compleja administrada a través de unas pautas genéticas pero también que guardan relación con el entorno donde se ha desenvuelto una persona en particular. No puedo por menos que dar carta de naturaleza a aquellas sospechas al ir detectando día tras días que Mariano Rajoy es “inmune” a cualquier tipo de pregunta que incluso pueda afectarle en las relaciones que lo ligaron durante tanto tiempo a personas de su confianza en el seno del PP. Luis Bárcenas fue una de ellas y no hace demasiado tiempo que Rajoy mantenía por activa y pasiva que el ex tesorero saldría airoso de cualquier acusación sobre su actividad profesional. El pasado viernes día 28 de junio, en Bélgica Rajoy tuvo oportunidad de disculparse por lo equivocado de su diagnóstico, y a continuación expresar su decepción para con la confianza depositada en su día en la persona de Bárcenas, ingresado en prisión de manera indefinida y sin fianza. Pero Rajoy prefirió dar la callada por respuesta, despachando incluso una de las preguntas con un auténtico ejercicio de arrogancia, desprecio y sobre todo insensibilidad. La misma “insensibilidad” que le debería llevar de cabeza a abandonar de una vez por todas la presidencia del gobierno de un país que además de muchas otras cosas precisa de políticos que sepan, cuanto menos, colocarse en la piel de los ciudadanos para saber calibrar el alcance de determinadas decisiones que afectan en lo social y en lo personal. Claro está que poco ayudan a Rajoy esa cuerda de pelotaris-asesores que secundan al presidente del PP, mostrándose el mayor de ellos Jordi o Jorge Moragas, los mismos que parecían aplaudir con las orejas situados en primera fila la ocurrencia de su supremo jefe cuando contestó con la enésima evasiva sobre el caso Bárcenas. Hay otro “caso” en el PP que tiene complicado diagnóstico: el de Mariano Rajoy, en hipótesis afectado de alexitimia. Ya va siendo hora que los ciudadanos de este país sepan que la enfermedad “no desvelada” de Mariano Rajoy le deja en una penosa posición para alejarnos de la idea que no estamos frente a una máquina, un holograma o cualquier apariencia virtual, sino ante una persona dispuesta a mostrarse humano, con sus virtudes y sus defectos, y sobre todo con la capacidad de saber disculparse cuando queda retratado. Triste figura la de este personaje que nunca debió ocupar un puesto de semejante responsabilidad política, pero también moral y ética, de la de Presidente del gobierno que busca en el “espejismo” de las cifras de contratos de trabajo registrados en las últimas semanas en virtud del efecto estacional una tabla de salvación antes que la llegada del mes de septiembre nos retorne de nuevo a una lacerante realidad.