Mostrando entradas con la etiqueta LUIS BÁRCENAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LUIS BÁRCENAS. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de septiembre de 2013

FRANCISCO MARHUENDA: EL «BUFÓN» DEL PERIODISMO EN LA «CORTE DEL REY RAJOY»

En tiempos en que el debate político se sitúa en la primera plana de la actualidad, entre otras cuestiones, por mor de la aparición de múltiples escándalos de corrupción, difícil resulta evitar la presencia de Francisco Marhuenda García (Barcelona, 1961) en las mesas de debate, ya que se ha convertido en habitual contertulio de televisiones privadas, públicas o emisoras radiofónicas. De entrada sorprende el don de la «ubicuidad» mediática de Marhuenda dada su condición, en teoría, de director del diario La razón. Concesiones, intuyo, de los accionistas del rotativo madrileño a cambio de que esa cuota de opinión resulte rentable para la empresa. En este sentido, la estrategia de situar a Marhuenda en el punto de mira de los espacios de opinión, en especial los televisivos, ha contribuido a un incremento significativo de ventas de La razón, que parece haberse quedado solo en la defensa de las políticas auspiciadas por el PP en el primer tramo de la legislatura, y sobre todo valida a pies juntillas las explicaciones de la cúpula del partido sobre el «caso Bárcenas» sin encomendarse a una información objetiva que cualquier de los mortales razonaría, cuanto menos, susceptible de ser veraz. No en vano, la impronta de Marhuenda se deja sentir en la orientación de un periódico que, a veces, abandona uno de los principales mandatos de tan noble profesión para fiar la suerte de sus escritos a la bondad que su director atribuye a la persona de Mariano Rajoy y quienes lo rodean, con la salvedad del ex tesorero Luis Bárcenas.
    Un personaje de la catadura moral de Marhuenda denigra la profesión de periodista hasta límites insospechados. Jamás le vemos en una actitud de conceder ni tan siquiera el beneplácito de la duda en torno a asuntos que llevan “carga explosiva” en sus contenidos referidos a la persona de Mariano Rajoy convirtiéndose, de esta forma, en correa de transmisión de la cúpula directiva del PP que niega sistemáticamente la mayor. Más allá de los colores políticos por los que sienta más o menos simpatía, mi visión del periodismo se sitúa a las antípodas de la de Marhuenda, enrocado en un posicionamiento a la defensiva cuando se sitúa en el disparadero el PP, cuestionado por distintos frentes en el manejo del «caso Bárcenas», sinónimo de prácticas de financiación ilegal sostenidas en el tiempo por espacio de veinte años. Él parece sentirse cómodo en ese oasis de autocomplacencia; se parapeta en su hoja curricular para aplacar las insidias (según su razonamiento) de algunos de sus compañeros de debate; repite el mantra de la honorabilidad de su Presidente (y amigo para el que había trabajado durante seis años en calidad de Director de Gabinete del Ministerio de Administraciones Públicas y Director General de Relaciones con las Cortes durante el mandato de José María Aznar) y juega a retroalimentar la dicotomía izquierdas y derechas en un ejercicio de simplismo que provoca sonrojo en la voz de alguien que imparte clases en una universidad. «No es verdad» repite en forma de latiguillo alguien que se siente “acorralado” por sus compañeros de mesa. En ocasiones éstos no dan crédito a las palabras expresadas por un Marhuenda ensimismado en sus paupérrimas argumentaciones disculpatorias en que el periodismo no rima con el ejercicio que practica en su defensa numantina en torno al Presidente del Gobierno.
   Expreso mi convencimiento que Marhuenda acompañará a Rajoy y otros miembros del actual gobierno del PP prestos a rendir cuentas en virtud de esa red de mentiras que han tratado de ocultar en relación al estercolero de corrupción que se localizaba bajo sus pies durante un largo periodo de tiempo. En las facultades de periodismo deberían mostrarse participaciones radiofónicas y televisivas de Marhuenda a modo de ejemplo de lo que lamina la imagen de la profesión. Que alguien como él llegara a ser director de un rotativo de alcance nacional expresa en qué manos descansa la información. Marhuenda representa la peor cara del periodismo no por el discurso de sesgo (ultra)conservador que maneja sino por el profundo desprecio que siente por lo que debería ser una práctica amparada en la búsqueda de la verdad de las cosas a partir de una concienzuda labor de investigación. Todas esas bravatas, sentencias “a la contra” expresadas en la persona de Marhuenda llevan curso de caer en saco roto. Cuando se le recuerde lo errática de sus predicciones se mostrará, a buen seguro, impertérrito, como si no fuera con él. Ilustrativo de un personaje cuyo recuerdo perdurará en la “cámara de horrores” de un periodismo zafio que busca cobijo bajo la sombra de un árbol. Un árbol con demasiadas ramas torcidas que ofrecen una silueta de salud más bien maltrecha en cuyo tronco se graba el anagrama del PP.        

miércoles, 3 de julio de 2013

LA PRESUNTA ENFERMEDAD «NO DESVELADA» DE MARIANO RAJOY: LA ALEXITIMIA

En el colmo de la desfachatez asistíamos semanas atrás a una rueda de prensa (sic) en que el presidente del gobierno de España aparecía en una sala de la sede del PP siendo observado por la concurrencia de medios de comunicación a través de una pantalla de plasma. Evidentemente, en esa escenificación cuál holograma, no cabían las preguntas que, a buen seguro, los distintos medios de comunicación citados en la calle Génova estaban celosos de formular al presidente del gobierno sobre todo en lo concerniente al caso Bárcenas. Al cabo, una cuestión se hace especialmente pertinente: ¿existe diferencia entre el Mariano Rajoy “virtual” y el real? Me aventuro a razonar que la nula capacidad de empatizar, a transmitir emociones, a poder codificar un lenguaje gestual del líder del PP nos lleva a la conclusión que es un político, a efectos de la difusión de sus alocuciones o sus mensajes en clave política y/o económica, al que da lo mismo contemplar en directo, en vivo o… en diferido (Maria Dolores de Cospedal dixit).
   A cuenta de todo ello, tiempo atrás barajaba la posibilidad en este mismo blog que Mariano Rajoy sufriera una enfermedad llamada alexitimia, un desorden neurológico que afecta a un sector considerable de la población incapaz de identificar emociones y, por consiguiente, incapaces de expresarlas. A menudo este trastorno puede confundirse con una actitud de pasotismo, de desprecio frente a los sentimientos ajenos, pero en muchos de los casos deviene un diagnóstico erróneo que esconde una realidad mucho más compleja administrada a través de unas pautas genéticas pero también que guardan relación con el entorno donde se ha desenvuelto una persona en particular. No puedo por menos que dar carta de naturaleza a aquellas sospechas al ir detectando día tras días que Mariano Rajoy es “inmune” a cualquier tipo de pregunta que incluso pueda afectarle en las relaciones que lo ligaron durante tanto tiempo a personas de su confianza en el seno del PP. Luis Bárcenas fue una de ellas y no hace demasiado tiempo que Rajoy mantenía por activa y pasiva que el ex tesorero saldría airoso de cualquier acusación sobre su actividad profesional. El pasado viernes día 28 de junio, en Bélgica Rajoy tuvo oportunidad de disculparse por lo equivocado de su diagnóstico, y a continuación expresar su decepción para con la confianza depositada en su día en la persona de Bárcenas, ingresado en prisión de manera indefinida y sin fianza. Pero Rajoy prefirió dar la callada por respuesta, despachando incluso una de las preguntas con un auténtico ejercicio de arrogancia, desprecio y sobre todo insensibilidad. La misma “insensibilidad” que le debería llevar de cabeza a abandonar de una vez por todas la presidencia del gobierno de un país que además de muchas otras cosas precisa de políticos que sepan, cuanto menos, colocarse en la piel de los ciudadanos para saber calibrar el alcance de determinadas decisiones que afectan en lo social y en lo personal. Claro está que poco ayudan a Rajoy esa cuerda de pelotaris-asesores que secundan al presidente del PP, mostrándose el mayor de ellos Jordi o Jorge Moragas, los mismos que parecían aplaudir con las orejas situados en primera fila la ocurrencia de su supremo jefe cuando contestó con la enésima evasiva sobre el caso Bárcenas. Hay otro “caso” en el PP que tiene complicado diagnóstico: el de Mariano Rajoy, en hipótesis afectado de alexitimia. Ya va siendo hora que los ciudadanos de este país sepan que la enfermedad “no desvelada” de Mariano Rajoy le deja en una penosa posición para alejarnos de la idea que no estamos frente a una máquina, un holograma o cualquier apariencia virtual, sino ante una persona dispuesta a mostrarse humano, con sus virtudes y sus defectos, y sobre todo con la capacidad de saber disculparse cuando queda retratado. Triste figura la de este personaje que nunca debió ocupar un puesto de semejante responsabilidad política, pero también moral y ética, de la de Presidente del gobierno que busca en el “espejismo” de las cifras de contratos de trabajo registrados en las últimas semanas en virtud del efecto estacional una tabla de salvación antes que la llegada del mes de septiembre nos retorne de nuevo a una lacerante realidad.