Mostrando entradas con la etiqueta CONRAD L. HALL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CONRAD L. HALL. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de mayo de 2017

LESLIE STEVENS (1924-1998): MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DE LA LÓGICA

Al bucear en la memoria, la primera vez que debí ver impreso el nombre de Leslie Stevens en pantalla fue durante la emisión de El señor de la guerra (1965), una extraordinaria producción de la Universal que toma lugar en Normandia, en el siglo XI. Por aquel entonces debía estar barruntando la posibilidad de dar forma a una monografía sobre La generación de la televisión. Sin duda, la primera impresión que me causó el visionado del film dirigido por Frankin J. Schaffner sirvió de acicate para que ese incipiente proyecto tuviera visos de plasmarse en el plano de la realidad, esto es, en papel impreso con las hechuras propias de una edición en catalán que guardo como oro en paño. Al tratar de recopilar la mayor documentación posible sobre el film en cuestión adquirí una monografía sobre Schaffner escrita por Erwin Kim para el sello estadounidense Scarecrow Press. Ciertamente, me debió sorprender por aquel entonces la inexistencia de datos sobre Leslie Stevens, el artífice de la obra “The Lovers” que dio pie la película rebautizada con el título en inglés The War Lord. Ese «señor de la guerra» no era otro que Charlton Heston en su “transcripcción” en pantalla. Kim apenas dedica espacio a los antecedentes artísticos de Stevens y un velo de misterio seguiría cubriendo el conocimiento de buena parte de su trayectoria profesional durante mucho tiempo. A punto de cruzar el umbral de siglo XXI, quedaría consignado el deceso de Leslie Stevens, a los setenta y cuatro. Casi tres cuartos de siglo de existencia que, a juzgar por la información que he ido recabando a lo largo de estos últimos meses mientras preparaba la edición de The Outer Limits (1963-1965) para el sello Absolute, daría para una biografía realmente apasionante y reveladora de hasta qué punto una personalidad del brillo intelectual de Stevens quedaría relegado a un injusto olvido. En esa “imaginario” biografía, a buen seguro, debería quedar reservado un capítulo a los avatares de una producción como Incubus (1966), segundo de los largometrajes rodado en esperanto y el primero que se formularía en los Estados Unidos, aunque nunca llegó a estrenarse en salas comerciales. Aún a día de hoy sigue siendo un misterio el porqué Leslie Stevens tomó la decisión de que fuera abordada en  esperanto cuando no se conoce conexión alguna con esta lengua y el movimiento que trajo consigo. Con todo, resulta una muestra significativa del arrojo y de la valentía de este auténtico personaje quijotesco que pasaría a los anales de la televisión norteamericana verbigracia de la creación de la serie "The Outer Limits", que guarda ciertos paralelismos con su coetánea "The Twilight Zone" (1959-1964). Desde su condición de productor, guionista y esporádico director, Leslie Stevens trató de tutelar el desarrollo de una serie de ciencia-ficción orientada hacia inquietudes de cariz existencialista y filosófico, con ciertas inquietudes sociopolíticas que se podían entre los pliegues de sus historias. No obstante, ese afán de Stevens porque The Outer Limits sorteara los caminos más trillados de la sci-fi chocaría contra ese empresariado de la ABC decidida a hacer prevalecer la condición de «serie de monstruos» con el fin de recabar la atención de las audiencias. Así pues, el conflicto de intereses derivó en la cancelación de la serie a la altura de su cuarenta y nueve episodio, sin posibilidad ni tan siquiera de rubricar una cifra redonda. Lejos de quebrar su espíritu a contracorriente, Stevens se embarcó en un proyecto imposible, el de Incubus, que generaría una «leyenda negra», incluido el declararse en quiebra su productora Daystar y su segunda mujer, Allison Aymes (una de las actrices que aparecen en el film “maldito”), pedirle el divorcio. Por consiguiente, tocaba el turno de pagar facturas y con ello la línea de trabajos out-system perpetrados por Leslie Stevens se iría disipando de manera gradual pero implacable. Bien entrada la década de los setenta, el tiempo de las «heroicidades» parecía tocar a su fin para Leslie Stevens, ya situado en la cincuentena. El título de una serie abordada en aquel periodo que cerró antes de hora —con tan solo trece episodios (mal fario) emitidos— serviría para definir la personalidad de Leslie Stevens a los ojos de la cinefilia: «el hombre invisible». Quisiera pensar que con la publicación de la serie íntegra en formato digital de The Outer Limits, acompañada de la edición en forma de extra del largometraje Incubus, se podría contribuir a sacar del anonimato al que algunos bautizaron como «el Orson Welles rubio». Aún así el velo del misterio sigue cubriendo la realidad de Leslie Stevens, del que apenas circulan imágenes suyas en internet y en papel impreso. Ni tan siquieran existen evidencias gráficas de sus rodajes, en Private Property (1960) —otro título que ha salido a la luz recientemente en los Estados Unidos; una opera prima asistida por el director de fotografía Conrad L. Hall en sus primeros escarceos profesionales— e Incubus, este último un auténtico “eslabón perdido” en la era analógica que tiene en la era digital una nueva oportunidad para ser descubierta. Al igual que "The Outer Limits", esta podría ser la puerta de entrada al conocimiento de un personaje singular como pocos en el contexto de su época y de su tiempo: Leslie Clark Stevens III.        

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA LENGUA DEL ESPERANTO: A PROPÓSITO DE «INCUBUS» (1966)

Casi a modo de flash, recuerdo la presencia de un matrimonio de mediana edad con una particularidad muy curiosa en la casa de un pueblo del Penedès que habían alquilado mis padres cuando nosotros —me refiero a mis hermanos y un servidor— pasábamos los veranos de nuestras adolescencias y primeros años de la juventud. Esa singularidad se debía a que conocían la lengua del esperanto y alguna que otra palabra al respecto debían soltar ante mi presencia pero como si hubiera oído llover… Ni caso. Parecían tipos corrientes, eso sí, que pregonaban a los cuatro vientos la importancia de aprender la que vaticinaban —nos situábamos a principios de los ochenta— sería la lengua del futuro,  aquella dispuesta para tender puentes entre naciones, en aras a una confraternización del planeta tierra. Aún no soplaban los vientos de la globalización y el concepto de Internet —una de las llaves para abrirse al conocimiento de realidades de países aislados de la escena internacional— se iba fermentando en centros de desarrollo tecnológico militar, a expensas de que algún día tuviera aplicación en otros ámbitos. Transcurridos unos treinta años desde aquella pujanza del esperanto que tuvo entre sus «correas de transmisión» a unos conocidos y saludados de nuestra familia, un baño de realismo ha querido que esta lengua creada por Lázaro Zamenhof en 1887 haya quedado arrinconada, y sea el inglés el que haya ganado netamente la partida en su uso a nivel planetario, extendiéndose cuál balsa de aceite, en foros aptos para las transacciones económicas, congresos de todo tipo, eventos deportivos y un largo etcétera.
Desde que tengo uso de razón la curiosidad, el interés por conocer me persigue como una sombra amenazadora. Por ello he vuelto sobre los pasos del esperanto para saldar una «promesa» contraída para con el pasado: antes de expirar, debía ver la única película profesional (con todas las comillas que se quiera) hablada… en esperanto. Internet ha hecho posible esta opción a través de su ventana al mundo llamada Youtube. De otra forma, presumo que hubiera sido misión imposible visionar Incubus (1966), dirigida por Leslie Stevens, a la sazón productor de la serie Más allá del límite (The Outer Limits), serie de culto creada a rebujo del éxito de Dimensión desconocida (The Twilight Zone). Además de la curiosidad por escuchar una película hablada íntegramente en esperanto (subtitulada en inglés, of course), se presentaba la posibilidad de recrearme en la capacidad de sugestión de las imágenes concebidas por el excepcional operador Conrad L. Hall –hijo del escritor James N. Hall, coautor de El motín de la Bounty—, quien ya había colaborado en numerosos episodios de la serie de marras ideada por Stevens. De su línea argumental y de la ejecución de los intérpretes —William Shatner, igualmente bregado en la televisión y con una hoja de servicios cinematográfica un tanto marciana—, poco cabe destacar, si acaso la creación de una atmósfera goticista, habitada por lo maniqueo, cercana a Dementia 13 (1963), la opera prima (nuddies al margen) de Don Francis Ford Coppola. Claro que ir familiarizándose con la sonoridad del esperanto no es baladí y ese elemento de distracción —salvo en escenas aisladas como las de un eclipse solar— se extiende en la mayor parte del metraje de Incubus.
Después de esta experiencia visual, sensorial y auditiva, no dudo que algún día volveré sobre esta lengua, a la manera de una introspección que tiene el aliento de la curiosidad, no por aprender los pormenores de su gramática, su ortografía, dicción y demás —el capítulo de preferencias idiomáticas al respecto es amplio—, sino por saber sobre aquellas destacadas personalidades del mundo del esperantismo y de su entramado organizativo que desprende fragancias de secta acrisolada en el razonamiento de su indudable —por mínima que sea: la estimación de los practicantes de la misma varía en función de cuál sea el listón que quiera colocarse en torno a dominarla— contribución a la cultura (idiomática y/o de comunicación). A bote pronto, la historia de las hermanas (Susan, Sofia y Judit) Polgar, consumadas ajedrecistas magiares, adoctrinadas desde la tierna infancia por su padre László Polgar en el manejo del esperanto; la del poeta escocés William Auld (1924-2006), miembro de la Academia del Esperanto durante un cuatrienio y nominado al Nobel de Literatura, y la de un puñado de hombres que pasaron por los campos de concentración nazis —Maximilian Kolbe, Petr Ginz y Titus Brandsma, entre otros— estimulan a pensar que, como las cajas chinas, un misterio encierra otro misterio y así sucesivamente.


Enlace para ver íntegramente en Youtube Incubus (1966) de Leslie Stevens.