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domingo, 10 de noviembre de 2013

«EL REGRESO DE REGINALD PERRIN» (1977) de David Nobbs: ORDINARIA LOCURA (2ª entrega)

Después de la deliciosa lectura que procuró a un buen número de habitantes del estado español Caída y auge de Reginald Perrin en lengua castellana el año pasado el guante estaba lanzado. Impedimenta lo ha recogido para este último tramo de 2013 en forma de segunda entrega de las andanzas de Reginald Perrin. Como señala Kiko Amat en su prefacio, la lectura de El regreso de Reginald Perrin (1977) guarda estrecha relación con el contenido de la obra seminal, y por ello es aconsejable “visualizarlas” conforme a un díptico indisociable. Han transcurrido varios meses entre la lectura de una y otra novela. De por medio he asaltado otros textos literarios, pero no me han hecho distraer la atención al tomar contacto de nuevo con el universo de Perrin. Amén de la huella que me dejó la lectura de Caída y auge de Reginald Perrin, ello se debe a que en mi subconsciente perdura aún la poderosa imagen de Leonard Rossiter, con esa figura encorvada (su correspondencia animalesca sería la de un cuervo) que trata de sacudirse una existencia de la que abomina, llevando a cabo un negocio suicida que inopinadamente se traduce en un boom de ventas, computando en el registro mercantil una franquicia de lo más rentable. Es precisamente esa secuencia temporal de la volatil existencia de Reginald Perrin la que se ha enquistada en mi memoria toda vez que vi a mediados los años ochenta la serie de la BBC Caída y auge de Reginald Perrin. Allí donde el bueno de Perrin contempla un negocio cuyo señuelo no es otro que ofrecer basura, cosas inservibles, a un precio que dista de traducirse en módico. Aros cuadrados, saleros sin agujeros, semillas que no se pueden plantar... todo lo absurdamente imaginable está recogido en el catálogo de la tienda Basura que acaba convirtiéndose en un franquicia de tal magnitud que los programas de sobremesa de ámbito nacional se rifan la presencia de su creador en los platós. A cada página leída se nota que el inglés David Nobbs (1935, Orpington, Kent) estaba rodado tras la publicación de la primera novela sobre el personaje en cuestión y parecía perfectamente consciente que tenía ante sí un filón por explotar. Sin tiempo a saborear la recompensa económica, ligada a la satisfacción personal (hasta entonces parecía resignado a que su talento natural podría caer en el más sordo de los olvidos), le hizo meterse en harina y librar el manuscrito de la segunda parte en 1976, justo un año después de la publicación de Caída y auge de Reginal Perrin. Por ello se percibe que El regreso de Reginald Perrin fue gestada conforme a una obra en continuidad, cuyo impulso creativo no se detuvo con el ardid que el ex empleado de la fábrica Lucisol ideara su desaparición para luego volver "a la vida" con otras identidades, a cuál más esperpéntica, absurda o descabalgada de la realidad mundana que le circunda. Mas, Nobbs se reservaría para la segunda entrega una idea que calzaría a la perfección con su manera de contemplar una sociedad capaz de imbuirse de un consumismo destilado de una enfermiza pasión por lo accesorio. En su metáfora sobre la sociedad británica de su tiempo preñada de una mirada harto irónica y de puro vitriolo, Nobbs borda un relato que enfatiza los aciertos de su obra precedente e incluso, merced a la evaluación de algunos tramos (el de la arenga fastizoide del propietario de un pub es desternillante por lo desquiciada de la misma) la podríamos situar un peldaño por encima en su cómputo literario en relación a Auge y caída de Reginald Perrin. Impedimenta ha vuelto a confiar en Julia Osuna Aguilar para la traducción de un texto que corrige al alza el número de expresiones en que inevitablemente cabe tirar del refranero español para que el lector acabe "empatizando" si sabe aún más con las vicisitudes de Reginald Perrin. Éste será coronado entre los emprendedores de las Islas Británicas merced a un negocio, a priori, condenado a convertirse en pasaporte directo para hacerse el harakiri. No hay mejor antídoto para entender el mundo que nos rodea en la actualidad —en muchos sentidos, un calco de esa sociedad británica de los años setenta descrita por Nobbs con su habitual finura expositiva— que el humor y, en particular, el británico. Un humor, el practicado en las Islas Británicas, cuyo principio activo (léase sustancia granulada) se toma disuelto en agua y se ingiere de un trago largo. Pero en el fondo del vaso sedimenta esa sustancia y se hace perenne en el recuerdo. Ese mismo símil vale para El regreso de Reginald Perrin, una obra que de no contar con un precedente de la categoría de Caída y auge de Reginald Perrin sería saludo como una de las piezas esenciales de un espectro literario que al cabo de los años dominaría la voz de Tom Sharpe. Poco antes, sin embargo, la de Nobbs se dejaría sentir con fuerza en virtud de la creación de un personaje, el de Reginald Perrin, que tiene entrada propia en el acervo popular british desde que su desencajada figura se desprendiera de las páginas y volara a través de la imaginación de multitud de lectores que se sentaban frente al espejo de sus propias realidades. Algunos de ellos deberían recordar frases del estilo —tal como reproduce en su prefacio Amat—  Why be happy when you can be normal? («¿por qué ser feliz cuando puedes ser normal?») pronunciadas por madres (sobre)protectoras. Una “normalidad” que, como a un calcetín, Reginald Perrin le da la vuelta en aras a perseguir un ideal de felicidad y, por consiguiente, pisa el acelerador por una autopista cuya única salida da al mar. Ese mar que servirá de escenario para trazar un plan maestro con arreglo a reinventarse y así evitar que la llama del personaje no acabe consumiéndose. Ciertamente, el placer de la lectura de una tercera entrega, la de The Better World of Reginald Perrin (1978) a cuenta de Impedimenta nos aguarda esperemos que al vencer un nuevo año. Entretanto el septuagenario Nobbs debe sentirse congraciado desde su retiro dorado en North Yorkshire que una modesta editorial (grande en cuanto a un primoroso catálogo que ha superado el centenar de títulos) haya tenido a bien extender sus redes sobre una suerte de tetralogía, cuyas dos primeras partes alcanzan un magisterio difícil de soslayar para los amantes de la literatura británica de humor de tonalidades agridulces espolvoreada de una estraña melancolía.  

domingo, 7 de octubre de 2012

«CAÍDA Y AUGE DE REGINALD PERRIN» de DAVID NOBBS: ORDINARIA LOCURA


En su autobiografía, publicada por Arrow Books bajo el irónico título I Didn’t Get Where I am Today (2004) («no consigo saber donde estoy hoy») David Gordon Nobbs dedica, una vez salvado su periodo de aprendizaje final, además del motivo de portada el capítulo más extenso a The Fall and Rise of Reginald Perrin. Se trata de la obra literaria que le dio relieve artístico y cierta prestancia económica, y a la que dedica cuarenta páginas de sus memorias para ofrecer un relato fidedigno de cómo se coció una pieza de estas características. Bajo una fachada humorística se encuentra una despiadada lectura de la condición humana y más concretamente en el Homo sapiens británico, generador entre su “tribu” de brillantísimas figuras dentro de la música, de la ciencia o de la política, entre otras muchas disciplinas, pero asimismo de un perfil de individuos amparados en la mezquindad, en el sentimiento de superioridad (referida sobre todo a las capas sociales) y en una idea de la tradición familiar que se perpetua de generación en generación. Con su habitual sentido del olfato afinado cada vez en esas Islas Británicas rebosantes de talentos literarios aún por descubrir en nuestros lares, Impedimenta ha publicado Caída y auge de Reginald Perrin (1975), la primera de una serie de novelas escritas por Nobbs, focalizadas en un pintoresco personaje que evidencia su torpeza cuando intenta “reinventarse” bajo una nueva identidad, pero que al cabo computarán varias más. Trescientas cincuenta y siete páginas que se devoran con fruición al combinar su autor la sátira social —en otra muestra del valor de la tradición británica— y el relato humorístico con un lenguaje preñado de brillantez expresiva y, al mismo tiempo, de una vitriólica mirada sobre lo que envuelve la triste realidad de nuestro “antihéroe”. Desde el primer párrafo, Nobbs suelta amarras y deja caer un torbellino de frases delirantes: «Cuando Reginald Iolanthe Perrin se dispuso a salir para el trabajo aquella mañana de jueves, no entraba en sus planes llamar hipopótamo a su suegra. Nada más lejos de su pensamiento». Podemos abrir la novela por la mitad y encontramos a un lado la descripción del mundo de Reginald Perrin —vestido de tonalidades grises, en que millares de lectores británicos debieron reconocerse en el personaje que poco más tarde representaría Leonard Rossiter (una excelente elección) en una serie de veintiún episodios auspiciada por la BBC—, y el que da crédito a su nueva vida marcada por el punto de inflexión que representa su desaparición mar adentro. En el ecuador del relato nace la raíz de una leve intriga detectivesca que queda abortada por la incapacidad de un par de investigadores por sacar conclusión alguna sobre la hipotética identidad con la que actúa en la vida civil —de regreso de la “muerte”— el otrora empleado de una fábrica especializada en la producción y distribución de postres. De Felpudo Coco Perrin pasa a autodenominarse Charles Windsor, pero pronto la evidencia de su charada le conduce a hacerse pasar por sir o Lord Wensley Amburst, Jasper Flask y el signor Antonio Stifado. Los capítulos finales se reservan para un giro narrativo (que evidentemente no desvelaré) de puro delirio, en que las dobles lecturas ganan prestancia en esta notable propuesta literaria aferrada a un sustrato humorístico refinado con una proverbial facultad de Nobbs con combinar lo mundano, lo coloquial (abundan las expresiones de este sesgo que la traductora, Julia Osuna Aguilar, ha tenido que afinar para ofrecer una pátina de “modernidad” a los ojos de las generaciones de lectores más jóvenes) con un proverbial sentido descriptivo que no orilla el valor de una cierta carga poética.
   En esta nueva cita con la literatura británica, Caída y auge de Reginald de Perrin concuerda con su bien ganado prestigio de una obra de culto en suelo inglés, armada para que nos pueda privar inclusive de horas de sueño, a cambio de seguir encarando la vida con las dosis de humor necesarias para soportar el peso del Apocalipsis económico-financiero que se nos avecina, a tenor de los imputs recibidos a lo largo del día. Esperamos con fruición la línea sucesoria de andanzas de un atribulado Reginald Perrin de la mano de Impedimenta, que coloca un nuevo autor descubierto en nuestro país en su particular casillero de aciertos... Un autor más que sumar, pues, y un deseo expreso porque se multipliquen los lectores en el conocimiento de escritores de la categoría de Nobbs, un talento que aún sigue dando guerra, a propósito de su recientemente publicado It had to Be You (2011), ya despojado del inefable Reginald Iolanthe Perrin, al que enterraría hace tiempo haciendo “honor” a las siglas que conforman su nombre y apellido (R. I. P.)