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martes, 11 de enero de 2022

«MAESTRAS DEL ENGAÑO» (2019) de Tori Telfer: VIDAS AL LÍMITE

 

En su prospección por las historias que atañen a asesinas de distintos periodos y latitudes y que, a la postre, dieron cuerpo a su libro de debut, presumiblemente Tori Talfer dejara aparcado en un cajón féminas susceptible de estar relacionadas con algún acto homicida. No obstante, éstas escaparon de la carga probatoria de un delito de sangre y “tan solo” pesaría una pena por “delitos menores”, tales como la estafa o la usurpación de personalidad. De ahí que, a rebujo del éxito de Damas asesinas (2017) —publicada dos años más tarde por Impedimenta—, Telfer ya tuviera cubierto parte del trabajo de campo para su siguiente volumen, el que responde al genérico Maestras del engaño (2019), igualmente publicado por el sello madrileño en el último trimestre del segundo año «pandémico».

Siguiendo el mismo esquema de su monografía precedente —incluido el detalle de las notas de pie de página situadas en las últimas páginas del volumen, toda una rara avis dentro de los parámetros de edición de Impedimenta—, Maestras del engaño: estafadoras, timadoras y embaucadoras de la historia asiste a no menos de una veintena de relatos de otras tantas mujeres, algunas de las cuales quedan bajo el paraguas de las etiquetas «Las espiritistas» o «Las anastasias». Sobre estas últimas razona uno de los pasajes más estimulantes de la presente obra, en que Tori Telfer se explaya en mostrar al lector un grupo de féminas con el denominador común de haber sido (auto)proclamadas Anastasia, una de las tres hijas de Nicolás II y Alejandra. Con el asesinato de éstos se puso el punto final a la dinastía de los Románov. Particularmente impactante resulta el relato de una de estas «Anastasia», Franciska Schanzkowska, quien llegó a perder el juicio (mental) y, al parecer, sufrió del síndrome de Diógenes, llegando a contabilizar una sesentena de gatos (¡!) en un inmueble con unas condiciones higiénicas y de salubridad deplorables. La parte final del capítulo de «Las anastasias» eleva una conclusión con marchamo de sentencia en el siguiente párrafo: «La larga y tortuosa cuestión del destino de los Románov se resolvió de forma definitiva en 2009. Los dos últimos cuerpos aparecieron al fin en una segunda tumba no muy alejada de la primera, y el ADN confirmó que esos eran los huesos de Alexéi y de la hermana que faltaba. Ya era oficial: nadie había sobrevivido a los eventos del sótano de la Casa Ipátiev. Ninguna de las mujeres que iban por el mundo afirmando que eran Anastasia decía la verdad. La primera solo había vivido hasta los diecisiete años». Menos taxativa se muestra Telfer en el pliego de conclusiones que encuentran acomodo en el grueso de los pasajes de Maestras el engaño, en que el arco de estafas y de timos deviene amplio y variopinto, con mención especial para Bonny Lee Bakely, en el que podríamos destacar conforme a uno de los capítulos más hilarantes, salpimentado de un jugoso anecdotario, en que queda convocado uno de los actores de A sangre fría (1967), Robert Blake. Intérprete precoz —aparece de manera episódica, a los once años, en El tesoro de Sierra Madre (1948)—, Blake contrajo matrimonio con Bonny Lee, en una decisión que no tardó en lamentar. Al llevar al altar al menudo actor Bonny Lee vio cumplido su deseo de casarse con un famoso después de haber perseguido infructuosamente a Jerry Lee Lewis durante diez años (¡!), hacer creer a su círculo de amistades que había sido novia de Elvis Presley o de haberse carteado con el primogénito de Marlon Brando —Christian—, mientras éste cumplía pena de prisión por asesinato. Con todo, para el capítulo final de esta serie de relatos Telfer reserva el recorrido por la historia de Sante Kimes (1934-2014) —al que se la otorgan una infinidad de álias y/o seudónimos—, de largo el personaje más abyecto y vil, capaz de «esclavizar» a sus criadas sopena de devolverlas a sus respectivos lugares de origen. Lugares habitados de miseria y penurias de distintas índole, caldo de cultivo propicio para que buena parte de estas féminas que desfilan por la presente monografía abracen un ideal de felicidad en que el dinero representa un salvoconducto indispensable. Para ello se recurre a las armas de mujer, en que la apariencia representa el primer mandamiento para captar la atención de varones con una cuenta corriente generosa que, de la noche a la mañana, pueden desaparecer sus fondos o, cuanto menos, menguar de manera ostensible. La lectura, pues, de Maestras del engaño tiene un sentido de crescendo en cuanto a la intensidad de sus últimos episodios, llevándose la palma Sante Kimes, situada en esa frontera del crimen y, por consiguiente, con un pie puesto en la otra parte del díptico, el de Damas asesinas, la pieza bautismal de la escritora norteamericana atrapada durante años en la telaraña del «Mal» con su interminable escala de grises.                        

martes, 3 de diciembre de 2019

«DAMAS ASESINAS» (2019) de Tori Telfer: HISTORIAS CRIMINALES EN FEMENINO




  
No nos debería extrañar que al cierre de 2019, cumplida una docena de años en el mercado editorial, el sello Impedimenta publique dos novelas que llevan la rúbrica de sendas mujeres, a saber, Iris Murdoch (Monjas y soldados) y Tori Telfer (Damas asesinas; mujeres letales de la historia). Más que esperada deviene la edición en castellano de la voluminosa novela escrita por Murdoch ya superada la cincuentena precisamente en el año de la celebración del centenario de su natalicio. Por el contrario, a priori la obra de Telfer hubiese podido encajar en otro perfil de editorial, pero una vez más Impedimenta, haciendo acopio de una voluntad por escapar de la clasificación de «sello elitista» se aviene a que el lector descubra una nueva voz de la literatura en femenino que razona sobre una temática muy poco tratada, incluso dentro del campo de los ensayos en torno a la actividad criminal de mujeres a lo de la historia. Los siete años transcurridos desde que Tori Telfer presentó su proyecto de post-grado hasta la publicación en inglés de Lady Killers Deadly Women Throrough History (2017) dan fe de la complejidad de un proyecto que sumió a le periodista y escritora en infinidad de lecturas mientras escuchaba música de Henry Purcell, Gregorio Allegri, Leonard Cohen, Jay Hawkins, The Cure o Jimmi Hendrix. Una variopinta selección de temas musicales —así se detalla al final del presente volumen— que sirvieron para digerir mejor el proceso de investigación de la vida y obra (sic) de féminas que, por distintos motivos, se dedicaron a una actividad criminal presta a competir con las atrocidades cometidas incluso por celebrities varones. A buen seguro, Telfer hubiese podido concebir un volumen similar en número de páginas —algo más de trescientas— en torno al proceso de escritura de Damas asesinas: mujeres letales de la historia (2019), reservando unos cuantos capítulos a dejar constancia de la existencia de mujeres de distintas nacionalidades del sur de Europa, de México, Japón o Tailandia, por citar algunos países, que por un factor idiomático y/o por la parca información sobre las mismas llegó a la conclusión de dejar en suspenso. De ahí que la selección final tenga su razón de ser en personajes suficientemente documentados a través del acceso, entre otras fuentes, a diarios personales, recortes de prensa, ensayos y extractos judiciales. Esta última fuente, por ejemplo, sirvió a la causa de la parte dedicada a Okum-El-Hassen apodada «El ruiseñor», acusada de diversos crímenes y sentada en el banquillo en un juicio que conmocionó a la sociedad marroquí de los años 30, llegando incluso a presenciar el mismo la famosa escritora Colette. Inmediatamente antes de proceder a la lectura de esta parte del libro servido en un contexto de cierto exotismo, di cumplida cuenta del capítulo dedicado a Anna Marie Hahn —conocida con el álias de «Anna Témpano de hielo»—, un sobrecogedor relato en que el personaje en cuestión transiciona de la bondad a la maldad a consecuencia de un desengaño amoroso. Al calor de la conmoción que la provocó su primera frustración de calado a nivel sentimental, Anna Marie Hahn viajó hasta los Estados Unidos, llegando a sus costas en barco prácticamente coincidiendo con el crack del 29, en que la bolsa de Nueva York registró un desplome sin precedentes hasta entonces. Hahn tuvo casi diez años por delante para conquistar el corazón de hombres atraídos por sus armas de seducción y que todos ellos corrieron idéntica suerte al morir envenenados. Anna Marie Hahn representa un ejemplo paradigmático de la tesis que sostiene la autora del presente ensayo de corte periodístico (abordado, en ocasiones, con un cierto tono desenfadado) sobre el temor que experimentan mujeres capaces de cometer auténticas atrocidades ante la perspectiva de morir. Hahn acabó siendo ejecutada en la silla eléctrica en 1938, y en el último párrafo de este segmento del libro Telfer remata (valga la expresión) el escrito: «El alacaide comentó que, en toda la historia de la prisión, no había habido ningún convicto que se mostrara tan aterrado como Anna Hahn cuando se enfrentó a la silla eléctrica».
    Bien es cierto que el hecho de ser norteamericana y moverse por el territorio facultó a Telfer para referirse quizás con mayor detalle a la historia criminal de (siniestros) personajes como la citada Hahn (aunque de origen teutón) o Kate Bender —el arma ejecutora de un siniestro clan familiar conocida con el sobrenombre de «La bella rebanadora de pescuezos»—, coprotagonista de una aterradora historia circunscrito al territorio de Kansas que hubiese podido servir de referencia a Robert Bloch para su novela Psicosis. No obstante, el presente volumen ha sabido mostrar otras realidades más allá de las fronteras estadounidenses merced a un extraordinario ejercicio de investigación que nos ha llevado por los confines del Londres de mediados del siglo XIX, el París de la segunda mitad del siglo XVII —Marie-Madeleine, Marquesa de Brinvilliers («La reina de las envenenadoras»), a la que la autora pone rostro en el Q&A (en la parte de apéndices del libro), el de Marion Cotillard, en una hipotética adaptación cinematográfica)— o en la Irlanda rural de las postrimerías del siglo XIII —Alice Kyetler, «la hechicera de Kilknenny»— en que la brujería sirve de caldo de cultivo para llevarse a cabo actos horripilantes que tienen en los varones sus víctimas propiciatorias. En definitiva, asistimos a la lectura de una obra exenta del peso de lo solemne, pero detallista en su voluntad por recrear episodios diseminados a lo largo de un extenso periodo temporal y en distintos ámbitos geográficos, sobre todo localizados en el hemisferio norte. Historias para no dormir que activan en el lector el hemisferio derecho de nuestro cerebro, aquel que despierta el sentido de la imaginación al recrear en nuestros subconscientes actos más propios de varones con pedigrí de serial killers. La historia (esta vez criminal), nuevamente puede reescribirse a través de los libros y, a fuer de ser sinceros, Tori Telfer ha contribuido a ello con su espléndida pieza bautismal, a la espera de ser saludada algún día con los honores propios de su colega Iris Murdoch.