Mostrando entradas con la etiqueta BETTER CALL SAUL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BETTER CALL SAUL. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de julio de 2017

«BETTER CALL SAUL» (2016), SEGUNDA TEMPORADA: JIMMY & CHUCK McGILL, SOCIEDADES ENFRENTADAS

Cuando tengamos la suficiente perspectiva temporal será el momento para que aparezca en el mercado editorial un ensayo presto a analizar las series que marcaron el curso de lo que podríamos colegir como la «Segunda Edad de Oro de la Televisión» en relación a este formato. Presumiblemente, entonces debería quedar reservado un capítulo al análisis de una serie de las características de Breaking Bad (2008-2013), que dio pie a un spin-off, Better Call Saul (2015-   ), vertebrado sobre el personaje de Jimmy McGill (Bob Odenkirk), el peculiar abogado que hace acto de presencia en la seminal masterpiece orquestada por el showrunner Vince Gilligan. Guiadas en ambos casos por el talento de Gilligan, no cabe duda que los procedimientos para armas una y otra serie dejan al descubierto la homogeneidad de una (Breaking Bad) y hasta la altura de la conclusión de la segunda temporada, cierta falta de progresión dramática y una persistente búsqueda de que encajen situaciones y personajes sin llegar resultados demasiado satisfactorios (Better Call Saul). Ello se debe a que Breaking Bad tuvo un andamiaje bastante más trabajado, colocándose por delante una solidez narrativa que va avanzando inexorablemente a través de multitud de personajes y situaciones que ya pertenecen al imaginario colectivo no tan solo de seriófilos diseminados a lo largo de diversos países. Por el contrario, Better Call Saul nació fruto del interés creciente entre las audiencias que suscitó el personaje de Saul Goodman. La intuición de Gilligan le llevó a convocar un brain storming para determinar las líneas maestras de una hipotética serie derivada de Breaking Bad que echaba su cierre en su quinta temporada sin posibilidad de prórroga posible. La disponibilidad de Oderkirk (prácticamente inédito en el medio cinematográfica; fue y sigue siendo carne de la pequeña pantalla) allanó el camino para que la serie Better Call Saul computara entre las novedades de 2015. La estructura propia de la antología en ciernes –evaluada en el mismo territorio que Breaking Bad, esto es, Alburquerque (Nuevo México), pero remontándose varios años atrás en el tiempo-- demandaba que para la primera tanda de episodios apenas asomaran personajes que cobran carta de naturaleza a lo largo y ancho de la serie seminal. Pero, a medida que el espacio temporal se va acercando a la realidad de Breaking Bad, Gilligan y su partner Peter Gould irían integrando algunos de los personajes característicos de ésta a distintas subtramas que concurren en Better Call Saul. Con todo, Jimmy McGill, previo a su metamorfosis en Saul Goodman, sigue siendo la principal baza de Better Call Saul, dejando constancia de un carisma que no tiene igual entre sus compañeros de reparto, incluido el neoyorquino Michael McKean, quien se desenvuelve en el papel de su hermano mayor Chuck McGill, afectado de una enfermedad rara denominada hipersensibilidad electromagnética.
  Aunque en los episodios centrales de la second season aparcan en cierta manera el motor narrativo de la entrega posterior a la primera temporada de Better Call Saul, al principio y al fin el relato direcciona sus antenas hacia la rivalidad existente entre Jimmy y Chuck hasta llegar al paroxismo. Ambos abogados de carrera, pero de temperamentos disímiles, Jimmy y Chuck protagonizan algunas de las viñetas más certeras de Better Call Saul, que nos ayudan a recomponer el mapa emocional que justifica en buena lid una rivalidad enquistada verbigracia del favoritismo que reservaba su madre al pequeño de los hermanos. Si a ello sumamos que la integridad y el sentido del deber cumplido han guiado la línea de rectitud de la que hace gala Chuck frente a los “atajos” (valga el eufemismo) que emplea Jimmy para conseguir sus objetivos, vamos desgranando el fondo de sendos personajes en el contexto de un relato que reserva algunos minutos en el tramo de arranque de cada episodio para mostrar detalles a la audiencia de un pasado lleno de claroscuros en la familia McGill. Fuera de este “duelo” fraticida, casi siempre evaluado en la penumbra de una vivienda que evita a toda costa el uso de aparato eléctrico, Better Call Saul se desenvuelve en subtramas inherentes a “la ley del más fuerte” en el ámbito de la judicatura y de los “bajos fondos” de la ciudad fronteriza de Alburquerque. Pero de tanto en tanto esta ley no escrita sufre la derrota al calor de la actuación del hierático Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) –otro de los partícipes de Breaking Bad con un presencia creciente en la antologría seminal— y de Jimmy McGill, desojando la margarita sobre si debe favorecer a su novia y colega de profesión Kim Wexler (Rhea Seehorn), o bien evitar perjudicar a su hermano mayor, del que se siente responsable de su cuidado y, al mismo tiempo, le carcome por dentro sentirse inferior a él. Por ello, Jimmy McGill persigue a toda costa una realización personal, alejado de la sombra de Chuck. 

miércoles, 6 de julio de 2016

«BETTER CALL SAUL (TEMPORADA 1)»: SHAKESPEARE VISITA ALBURQUERQUE

Podría resultar un ensayo digno de estudio de cómo las series de televisión en el último cuarto de siglo ha influido sobremanera en las estrategias comerciales e incluso en los contenidos de las producciones cinematográficas. Entre las muestras más palmarias de este “trasvase” de influencias encontramos la asimilación del término spin-off (de difícil traducción en castellano) al ámbito cinematográfico (especialmente, en el terreno del terror y de la ciencia-ficción), añadiéndose así al arco de propuestas surgidas al albur de un determinado éxito comercial, léase precuelas, secuelas, reboots o remakes. El término en sí mismo empezó a popularizarse a finales de los años noventa, aunque en realidad spin-off se podría aplicar a la serie Frasier en virtud de la emancipación del personaje epónimo en relación a Cheers, uno de los grandes fenómenos de audicencia de los años ochenta. Al cabo de tres decenios de haberse emitido los primeros episodios de la serie coprotagonizada por un novel Woody Harrelson, Sony Pictures llegaría a un acuerdo con Vince Gilligan para la emisión de la primera temporada de Better Call Saul (2015), spin-off de una auténtica masterpiece de la pequeña pantalla, Breaking Bad (2008-2013), cuyo repóker de temporadas vale su peso en oro. De ahí que las expectativas creadas con Better Call Saul fueran en verdad altas, máxime al penetrar en un camino ni tan siquiera apuntado en la extraordinaria serie de marras, el que compete al personaje de Saul Goodman bajo su anterior identidad, la de Jimmy McGill. No cabe duda que entre los muchos puntos a favor de Breaking Bad, cabía computar el personaje del vehemente abogado que opera en la ciudad de Alburquerque y que adopta el rostro del actor Bob Odenkirk. Un auténtico hallazgo que Gilligan y su equipo supieron dosificar desde su aparición en la tercera temporada, sabedores que su potencial daba para que girara sobre él una serie propia, eso sí, con un formato más modesto. Elevado a la categoría de show runner de Better Call Saul, Peter Gould (productor y guionista de algunos capítulos de Breaking Bad), hasta la fecha ha gestionado la confección de treinta capítulos de la serie, a razón de diez episodios por temporada. A priori, para hacer más “vendible” la propuesta en términos estrictamente presupuestarios, Gould y Gilligan dibujaron un escenario con episodios de media hora de duración. Pero, a mi juicio, con un criterio acertado replantearon la cuestión para adecuarlo a la duración estándart de, por ejemplo, Breaking Bad que tan buenos resultados habían cosechado. Eso sí, como contrapartida se rebajaba de trece a diez episodios, pero sin perder un ápice la calidad visual y narrativa de la que puede seguir presumiendo Breaking Bad.

    Desde mi perspectiva, una de las razones de ser para que una serie llegue a “enganchar”, a experimentar la sensación que deseas ver el siguiente episodio a la mayor brevedad posible, se debe al “factor sorpresa”. A lo largo de esta decena de capítulos con títulos que presentan una particularidad curiosa (con la salvedad del quinto, Alpine Shepherd Boy), el de emplear una sola palabra, he atendido al visionado de una propuesta netamente escorada en lo que podríamos colegir tragedia shakespeariana, en contra de los vaticinios que hubieran podido apuntar hacia una comedia de tintes hilarantes con James McGill AKA Saul Goodman ejerciendo de bufón del «reino» de Alburquerque. Cada uno de estos primeros diez capítulos de Better Call Saul devienen píldoras que ingerimos previa prescripción médica, adivirtiéndose de un uso contraindicado para aquellos refractarios a tolerar en elevadas dosis un cinismo que ataca directamente al cuerpo del american way of life, en que el dinero resulta al arma más letal de la corrupción del alma humana. Una verdad aumentada y corregida en el ámbito de la judicatura y que acaba trasladándose al espacio familiar cuando Jimmy y su hermano mayor Chuck (Michael McKean, una elección de lo más acertada) adoptan actitudes ambivalentes en su fuero interno y que “explosionan” en un determinado momento por parte de este último. A partir de entonces, Jimmy McGill da marcha atrás, se coloca en punto muerto e inicia una fuga hacia adelante, sin reparar en ese retrovisor que lo ha ligado indefectiblemente a la figura de su hermano mayor al que ha tratado de proteger a causa de su enfermedad (padece hipersensibilidad electromagnética; sino de los tiempos) hasta que éste, en un arrebato de vanidad, le coloca frente al espejo de su propia realidad. En esencia, Better Call Saul es el retrato de seres solitarios Jimmy, Chuck, pero también de la abogada Kim Wexler (espléndida Rhea Seehorn) y el hierático Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks, repitiendo papel tras su paso por Breaking Bad, cuyas apariciones habían ido en ascenso hasta prácticamente el episodio final)que afilan sus garras para sobrevivir en ese nido de víboras que concurren en Alburquerque. Una ciudad perteneciente al estado de Nuevo México que había sido el escenario natural de El gran carnaval (1951), la cinta dirigida por Billy Wilder que la dupla Gould-Gilligan homenajea en el capítulo Hero, en el que McGill trata de utilizar el periodismo sensacionalista para que florezca su propio negocio vinculado a la abogacía. Su artificio en este caso pronto se adivina, no así los dos mejores episodios de la primera temporada, Five-0 (el sexto) y Bingo (el séptimo), prodigiosamente rodado el primero por Adam Bernstein y preñado de virtudes el segundo, desde la importancia que adopta la música (obra de Dave Porter, a la sazón compositor titular de Breaking Bad) en el fragmento del eventual secuestro de una pareja de mediana edad en su lujosa residencia hasta la carga de sarcasmo e ironía (a modo de ejemplo, una dama octogenaria cita a sus gatos Óscar y Félix, la extraña pareja a efectos de la célebre obra teatral escrita por Neil Simon y adaptada con éxito al celuloide con el tándem Walter Matthau-Jack Lemmon al frente del reparto) que recorren las escenas donde Jimmy actúa en una sala repleta de ancianos “matando” las horas con juegos del azar. El azar será asimismo el destino que lleve a McGill a cambiar su apellido e instalarse en la jungla humana bajo el reclamo Better Call Saul. Una carta de presentación que intuyo empezará a redactarse en forma de borrador en su segunda temporada.