lunes, 19 de enero de 2026

«PARA LEER AL ANOCHECER: HISTORIAS DE FANTASMAS» de CHARLES DICKENS: LA MUERTE OS SIENTA TAN BIEN

 

En su prefacio de Canción de Navidad —asimismo conocido como Cuentos de NavidadCharles Dickens (1812-1870) escribe: «Con este relato fantasmal he tratado de evocar el espectro de una idea que no debería contrariar a mis lectores ni enemistarlos con otros, con estas fiestas o conmigo. Confío en que frecuente gratamente sus hogares y nadie sienta el deseo de conjugarlo». Toda una declaración de principios que el prosista inglés tuvo a bien poner sobre aviso a sus lectores, trazando así la orientación que, según su perspectiva, debía adoptar el que al poco de publicarse pasaría a convertirse en un clásico imperecedero de la Literatura Universal y punto de partida de una serie de relatos cortos con el denominador común de la Navidad. En cierta manera, el pronunciamiento fantasmagórico al que alude en el mencionado prefacio Dickens quedaría integrado en una serie de relatos —bastante más breves que su «serie» recorrida con el leit motiv de la Navidad— que vio publicados a lo largo y a lo ancho de las siguientes décadas.

Al cumplir su primer año de «vida», el sello Impedimenta editó en la Navidad de 2009 Para leer al anochecer, mereciendo años más tarde —casi a la par que Mondadori, dentro de su colección de «Grandes Clásicos» publicaba una excelsa edición ilustrada de Cuentos de Navidad— la quinta de las múltiples reediciones (hasta un total de diez hasta la fecha) y, por consiguiente, el que podríamos colegir uno de los primeros grandes éxitos comerciales de la editorial capitaneada por Enrique Redel. Dieciséis años más tarde, ya bajo una (seudo)colección —un tanto «invisibilizada», a pesar de su diseño diferencial— denominada «Los aerolitos de Impedimenta», el sello madrileño ha vuelto a publicar Para leer al anochecer, respetando la traducción de Mariam Womack y Enrique Gil-Delgado de la versión seminal.

Trece son los cuentos breves que jalonan esta pieza literaria bajo el genérico Para leer al anochecer To Be Read a Dusk en el original—, en la que Charles Dickens dejaría constancia de sus propias experiencias personales sobre todo a través de dos de ellos: «El guardavías» (1865) y «El año que soñé con una estrella» (1850). Para el primero, el popular escritor levantaría acta —a través de una prosa transitada a menudo por una veta cargada de humor y/o ironía (perceptible asimismo en el relato «Una casa encantada»)— de un accidente ferroviario en el que se vio implicado, pero del que salió indemne. En relación al último de los relatos que integran Para leer el anochecer, un par de años después del fallecimiento de su hermana mayor Frances Elizabeth «Fanny» Dickens (1810-1848) evocaría su figura en «El niño que soñó con una estrella» en apenas cinco páginas, suficientes en todo caso para mostrar una pequeña muestra de su talento literario a la hora de hilar historias en las que sobrevuela la noción de la muerte. La misma visitaría a Charles Dickens en 1870 —a los cincuenta y ocho años de edad—, al cierre de una década que se llevaría la palma por lo que atañe a aportaciones de carácter fantasmagórico en forma de cápsulas literarias, buena parte de las cuales computan en el presente volumen. Previamente, Dickens había visto publicar piezas como «El letrado y el fantasma» —integrada originalmente en su opera prima Los papeles póstumos del club Pickwick (1837)— y Para leer al anochecer (1852), el relato conformado por una veintena de páginas que da nombre a esta antología, mostrando en su portada una estampa mucho más esquinada hacia lo mágico que la portada escogida para su primera edición.   


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