martes, 12 de mayo de 2026

«EL REY HA MUERTO. LOS RELATOS COMPLETOS» de WALTER TEVIS: RUBRICANDO UNA «OPERACIÓN RESCATE» DE UN AUTOR ATEMPORAL

 

Hace apenas una década el conocimiento de la obra literaria de Walter Tevis (1928-1984) en nuestro país vagaba un tanto dispersa por distintos sellos editoriales, desde Alamut ―El buscavidas (1959), Gambito de dama (1983)― hasta Orbis y Alfaguara ―El hombre que cayó a la tierra (1963)― pasando por Plaza & Janés ―El pájaro burlón (1980)―. Presumiblemente, el estreno en plataformas digitales de la miniserie Gambito de dama (2020) puso a la Editorial Impedimenta sobre la senda del autor norteamericano que había alumbrado una historia que, entre sus pliegues, se adivina su querencia por personajes solitarios, que tratan de «encapsularse» frente a las amenazas provenientes de la sociedad a la que pertenecen. Al igual que otros escritores como Vladimir Nabokov, a tempana edad Walter Tevis se vio impelido a superar el trance de superar una enfermedad que acabaría debilitando su organismo, al punto que su fragilidad física jugaría al contraste con la rocosidad y consistencia de una prosa que viajaría en distintas direcciones.  Preferentemente, Tevis encontró su principal fortaleza en la elaboración de un sexteto de novelas que vieron la luz en una franja temporal de un cuarto de siglo. Unos años antes de alumbrar su opera prima en el campo de la novela ―la referida El buscavidas―, Tevis ―californiano de nacimiento, pero residente en un pueblo de Kentucky durante buena parte de su adolescencia y juventud― se había fogueado en el terreno de los relatos cortos publicando en revistas como “Esquire”, “Collier’s” o “Galaxy”. A la espera de poder integrar en fechas venideras alguno de los títulos que encontraron asidero en ediciones españolas que, hoy en día, han quedado descatalogadas, convirtiéndose en pasto de librerías de lance o de segunda mano, la editorial Impedimenta culmina su meritoria tarea por dar a conocer a los lectores un autor de una extraordinaria calidad como Walter Stone Tevis con la publicación de El rey ha muerto, Los relatos completos. En poco más de tres años ―de 2022 a 2025― hemos asistido a la edición en lengua castellana de Sinsonte El pájaro burlón para su añeja publicación en Plaza y Janés―, Las huellas del sol y El buscavidas, bajo un mismo «techo», el de Impedimenta. Para la ocasión, Juan Trejo se ha encargado de la traducción de veintiséis de los cuentos o relatos cortos escritos por Tevis, manufacturados en su mayoría durante los años previos a la salida al mercado de The Hustler. Uno de los relatos librados en aquel periodo formativo conocería idéntico título, dejando constancia al leerlo que estamos antes un borrador, un esbozo de lo que estaría por llegar. En cierta manera, esta antología de cuentos «interpela» constantemente a sus «hermanas mayores», las novelas, escasas en número ―seis― pero extraordinariamente ricas en relación a las temáticas planteadas, con mención especial a la descripción de un mundo futuro dominado por la robótica nos muestra un horizonte cada vez más «deshumanizado». De tal suerte, en «La apoteosis de Myra» encontramos ecos de Sinsonte; en un puñado de los relatos que jalonan semejante antología el mundo de los billares se revela en un escenario común, y en «Eco» y «El rey ha muerto» sus respectivas historias se configuran en torno o de forma tangencial al mundo del ajedrez. Las últimas páginas de este volumen quedan reservadas a la que, a mi juicio, es el mejor de la veintena de relatos publicados, «Sentado en el limbo», una floritura literaria narrada por un personaje ya fallecido, a la manera de cómo Billy Wilder y Charles Brackett dieron carta de naturaleza al magistral guion de El crepúsculo de los dioses (1950). «Sentado aquí, en el limbo», he descubierto que puedo volver atrás y corregir aspectos de la vida que viví. Calculo que han pasado diecisiete años desde que morí en Columbus, Ohio. Hará unos dos que aprendí a regresar a diferentes momentos de mi vida y cambiarlos para mejor. Es un trabajo difícil, pero gratificante. ¿Y a qué otra cosa podría dedicarle su tiempo un muerto?». Se trata de un brillante inicio que sirve para allanar el camino de un relato que no supera las tres mil palabras y que su autor parece situarse frente al espejo, ahondando en la soledad y el vacío emocional como eje temático de sus piezas literarias.  Por fortuna, la obra de Walter Tevis no ha permanecido en el limbo en lengua castellana gracias, de un tiempo a esta parte, a la iniciativa del sello Impedimenta, cuya tenacidad y perseverancia por rescatar autores susceptibles de caer en el olvido, merece el mayor de los elogios.   

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