miércoles, 4 de febrero de 2026

«ORBITAL» (2024) de SAMANTHA HARVEY: «PAISAJES» HUMANOS DESDE LA INGRAVIDEZ

 

En 1969 se fallaba por primera vez los Booker Awards —recayendo en Something to Answer for de P. H. Newby—, al que tenían acceso ciudadanos británicos o pertenecientes a la Commonwealth. Ese mismo año, la especie humana llegaba a la Luna, constituyendo un hito en lo que se dio en denominar la conquista del espacio. Viajando en el tiempo cincuenta y cinco años, el premio Booker —plenamente consolidado conforme a una de las distinciones más prestigiosas en Lengua Inglesa— recayó en Orbital (2024), una novela que toma como escenario principal la Estación Espacial Internacional. A buen seguro, su autora Samantha Harvey (n. 1975) ha leído a la plana mayor de las escritoras que la han precedido en semejante distinción, como Iris Murdoch, Penelope Fitzgerald, Penelope Lively —cuya obra galardonada, Moon Tiger (1986) ha publicado recientemente Impedimenta—, Margaret Atwood —por dos veces— y Eleanor Catton, entre otras. De todas ellas Harvey aprendió el arte de la narración, pero a la luz de la lectura de Orbital podemos colegir que su área de influencias no conoce fronteras y tampoco sigue un patrón estilístico en cada uno de los dieciséis capítulos que jalonan su laureada pieza literaria. Mas, a la altura de su tramo final Harvey parece imbuida por un estilo literario propio de Ray Bradburyexpulsa nombres y fechas al hacer un recorrido por los logros de la humanidad desde los tiempos de la industrialización de finales del siglo XIX—, el celebérrimo autor de Crónicas marcianas (1950). Presumiblemente, una obra literaria de las características de Orbital pasará a los anales por convertir al universo en testigo directo de las “Crónicas humanas” que interpelan a los integrantes de la Estación Espacial Internacional, mereciendo un ejercicio para la reflexión habida cuenta que esa cotidianidad experimentada en los márgenes de la órbita terrestre se cobra su factura en forma de disfunciones orgánicas de todo tipo. De formación «de letras» —cursó estudios de Filosofía en la Universidad de York y en la Universidad de Sheffield—, me gustaría imaginar que Samantha Harvey había barruntado la posibilidad de crear una pieza literaria protagonizada por astronautas por googleando en páginas de internet sobre la alteración del sueño que, cuanto menos, padeció durante años. Entre las múltiples «contraindicaciones» que presenta la vida en ingravidez se sitúa el insomnio, la misma afectación que computa en la persona de Samantha Harvey y que la llevaría a tejer una novela de cariz semiautobiográfico titulada Un malestar indefinido: un año sin dormir, asimismo publicado (en 2022) por la Editorial Anagrama. Años más tarde, Harvey se movería en la indefinición estilística a la hora de trenzar un relato cuya principal fuente de consulta devino la información gráfica y escrita suministrada por la NASA. De ahí la firmeza del trazo de la escritora inglesa al describir desde la ingravidez a nuestro planeta tierra en el que no quedan dibujadas las fronteras. La singularidad de Orbital radica precisamente en dotar de calidez y humanismo una novela que opera desde un escenario privilegiado; un observatorio donde la supervivencia diaria no conoce de ideologías, de señas identitarias, de banderas y mucho menos de enfrentamientos entre iguales por la disputa de un territorio. Una pequeña obra maestra.